jueves, 29 de enero de 2015

MIGUEL D..ETCHEBARNE
JUAN NADIE (frag.final)

Fue una tarde de verano
Que en púrpura agonizaba
Vagamente se escuchaba
Un lento tango lejano;
Entre las notas del piano
Prolongaba el bandoneón,
Desconsolado y llorón
En el transcurso del viento,
Un monocorde lamento
Que entraba en el corazón.

Con el chambergo en los ojos
Y ya sin corte en el talle,
Juan se acercó por la calle
Moviendo los brazos flojos.
En un fondo de despojos
Se agrisaba el arrabal,
Y en las paredes de cal,
Frente a la calle desierta,
Abría su boca la puerta
Sobre el negror del umbral.

No lo dejaron entrar
Saliéndole a la cruzada
Y antes que dijeran nada
Él ya empezaba a tirar.
Fue más duro de voltear
Que quebracho colorado:
Aún tiraba arrodillado
Cuando de pie ya no pudo,
Hasta que se cayó hecho un nudo
Con el revólver al lado.

Estaba oscuro el confín
Pero la sangre era roja
Cuando le alzaron la floja
Cabeza del adoquín;
En la punta de un botín
Seguía manando una herida
Y, aunque estaba humedecida,
Quería aletear en el suelo
La punta de un pañuelo
Con aire de despedida.

Y así terminó su fama
En una tarde cualquiera.
La sangre perdió en la acera
Su rojo intenso de llama;
Y los finales del drama
En el vaivén de un carruaje,
Lo llevaron al paraje
Donde no se pisa fuerte
Y sólo reina la muerte
Sobre el temblor y el coraje.

Nadie lo lloró en seguida,
Nadie lo lloró después;
Nadie sabe si una vez

Estuvo vivo en la vida;
Pero nació de su herida
Un yuyo entre el empedrado:
Tuvo en la Pampa el pasado
Y en la Ciudad el olvido;
Juan de nombre, y de apellido
Nadie, según me han contado.
Fin