miércoles, 14 de septiembre de 2016

14 DE SEPTIEMBRE DE 1321 MUERE:
DANTE ALIGHIERI
Dante Alighieri nació en Florencia a finales del mes de mayo de 1265. Eran tiempos de guerra. La muerte del emperador Federico II de Sicilia (1250) no sólo causó el desmembramiento de una floreciente escuela poética sino que produjo -sobre todo- un recrudecimiento en las posturas de los partidarios del poder imperial (gibelinos) y los defensores del dominio del papado (güelfos). Por causas diversas, estallaron sangrientos choques en 1248. El motivo remoto fue -al parecer- la muerte de un Buondelmonti, marido infiel de una Amidei. El 4 de septiembre de 1260 los gibelinos de Florencia y Siena, capitaneados por los Uberti y ayudados por Manfredo -hijo ilegítimo de Federico II- impusieron su poder en Monteaperti a los güelfos de Toscana. Los güelfos huyeron despavoridos de Florencia: la muerte y el saqueo fueron sistemáticos e implacables en la ciudad del Arno.
La familia de Dante permaneció en la ciudad a pesar de los peligros que acechaban a los güelfos. Y en Florencia nació el poeta, cinco años después del desastre de Monteaperti. Pero Fortuna, que siempre fue voluble, quiso que los gibelinos fueran derrotados apenas un año más tarde en Benevento: el rey Manfredo fue vencido y halló la muerte durante la batalla. Carlos de Anjou, paladín de las ambiciones papales, consiguió imponerse con un ejército de provenzales, languedocianos y franceses. Esta vez fue el río Calore el testigo del combate, el 26 de febrero de 1266. El cuerpo de Manfredo apareció dos días después y quedó sepultado bajo un alto montón de piedras que depositaron los angevinos al lado del puente de Benevento. El papa, considerando tal enterramiento como un gran honor, ordenó que lo desenterraran y lo llevaran más allá de los límites del reino con los cirios apagados, como reo de excomunión.
La persecución que llevaron a cabo los güelfos fue tan implacable como la de los gibelinos algunos años antes. Cundieron las órdenes de destierro y de privación de bienes dictadas contra los partidarios del poder imperial.
Toda esperanza de cambio quedó aniquilada dos años más tarde, cuando el ejército gibelino, mandado por los herederos de los Hohenstaufen, fue exterminado en Tagliacozzo (1268): sus jefes fueron públicamente decapitados en Nápoles, a excepción del Infante D. Enrique de Castilla, hermano y enemigo de Alfonso X, que no recuperó la libertad hasta 1294.
Las continuas humillaciones infligidas por los partidarios de las distintas tendencias a las banderías contrarias alejaban de Florencia cada vez más la paz. Dante tenía trece años y su madre ya había muerto, dejándole un recuerdo que reaparece continuamente en la Commedia, donde la imagen materna protege, cuida y alimenta al hijo.
Según Boccaccio, la infancia de nuestro poeta transcurrió con abundantes signos de la futura gloria de su ingenio: a partir de los ocho años, se dedicó al aprendizaje de las letras y de las artes liberales, destacando de forma admirable. Sin embargo, hay que advertir que la actividad cultural de Florencia no era comparable en modo alguno a la de Bolonia, Arezzo y Siena, que contaban con sendas universidades: la escasez de maestros de gramática en la ciudad de Dante parece indudable y la preparación del niño quedó lejos de ser buena, pues con dificultad conseguía leer a Boecio y Cicerón a los veinticinco años, acostumbrado como estaba al latín eclesiástico, bíblico. Por lo demás, sus estudios debieron ser los habituales de la Escuela medieval y los autores leídos fueron, sin duda, los del programa del Trivium, acompañados por los versos de los poetas vulgares más famosos: algunos trovadores provenzales y franceses, sicilianos y sículo-toscanos.
En el mes de mayo de 1274 vio por primera vez a Beatriz, hija de Folco Portinari: la niña tenía ocho años y Dante nueve. En la Vita Nuova ocupa un lugar destacado este primer encuentro y a través de este libro se puede reconstruir la actividad que desarrolló Dante entre el primer encuentro y nueve años más tarde, 1283, en que volvió a ver a Beatriz. Sin duda, continuó sus estudios en la Escuela y, posiblemente, empezó a ejercitarse en el arte de la poesía y a frecuentar la compañía de los poetas florentinos más en boga, famosi trovatori in quello tempo. También la familia preparó su matrimonio con Gemma Donati (el 9 de enero de 1277), con la que se casaría en 1285.
La Vita Nuova fue escrita quizás en 1294 o muy poco tiempo antes. Beatriz había muerto la noche del 8 de junio de 1290. Los sentimientos del poeta quedan de manifiesto en este librito, que se cierra con un enigmático episodio: un año después de la muerte de su amada, mientras estaba entregado al recuerdo, vio a una mujer joven y hermosa que parecía capaz de toda compasión. El rostro de la dama tiene el color de las perlas, como el de Beatriz, y su actitud afectuosa hace que el recuerdo de la amada se nuble ligeramente. Pero el poeta no busca una nueva pasión, sino el consuelo; poco a poco va olvidando los sufrimientos pasados, hasta el día en que la figura de Beatriz reaparece con toda su fuerza y con el mismo aspecto que tenía la primera vez que la vio: Dante se arrepiente y vuelve al triste recuerdo. Es entonces cuando el poeta, dispuesto a contemplar a la amada en la gloria, es reconfortado con una visión admirable, tan extraordinaria que el escritor decide abandonar su obra hasta el momento en que se considere capaz de hablar de Beatriz diciendo de ella cosas que no han sido dichas de ninguna mujer.
Ese sería el origen de la Commedia, aunque Dante tardaría unos quince años en cumplir su promesa. Son años intensos en la vida de Dante: el poeta tiene apenas treinta años y, literariamente, ya ha superado los movimientos más relevantes de su entorno: ha dejado atrás las imitaciones de los sicilianos, los experimentos de los sículo-toscanos (especialmente de Guittone d'Arezzo) y se ha distanciado de los stilnovisti, aunque sigue manteniendo relaciones con Guido Cavalcanti y con Cino da Pistoia.
Ciertamente, nuestro autor está descontento y contempla estos años posteriores a la muerte de Beatriz como los que más le alejaron del recto camino. Son los años de los yerros de su vida, a juzgar por los reproches que le dirige Beatriz (en Purgatorio XXX y XXXI), aunque resulta difícil saber si los errores eran morales, intelectuales o de algún otro tipo. Es un período de diez años, entre la muerte de la amada (1290) y el inicio de su visita al Infierno, situado posiblemente el 25 de marzo del año 1300.
La guerra y los enfrentamientos civiles continúan mientras tanto en Florencia. El mismo Dante debió tomar parte en el asedio de Poggio Santa Cecilia (1286-1287) y en las batallas de Campaldino y Caprona (1289). Más tarde, aparecerá inscrito como miembro del gremio de doctores y representante de su ciudad en embajadas y otras misiones diplomáticas (1295-1301).
En Pistoia se habían dividido los güelfos en dos bandos, blancos y negros, división que no tardó en llegar a Florencia. Dante, comprometido con ambos bandos, no llega a tomar partido abiertamente por ninguno de ellos. Los tiempos eran difíciles y se complicaban cada vez más con las arbitrariedades de Bonifacio VIII y con la política papal de apoyo a los grandes señores florentinos, en especial al turbulento Corso Donati, cabecilla de los güelfos negros y pariente lejano de la mujer de Dante. No tardó en estallar la guerra entre las dos banderías y Dante -ya decididamente comprometido con la política de los blancos- acude como embajador a San Gimignano en busca de apoyo. Poco después es elegido como uno de los seis priores que debían gobernar Florencia durante dos meses, breve período de tiempo que marcaría inevitablemente los veinte años de vida que le quedaban, según indica el mismo Dante en una carta desaparecida: "Todos los males y los inconvenientes míos en los infaustos comicios de mi priorato tuvieron su causa y principio". Efectivamente, fueron sólo dos meses, pero llenos de tumultos y dificultades: una reyerta callejera enfrentó a un grupo de nobles con algunos miembros del pueblo. El resultado fue el destierro de quince cabecillas de la nobleza -güelfos blancos y negros- con sus familias; entre ellos se encontraba Guido Cavalcanti, que moriría poco después (1300). Cuando los seis priores siguientes tomaron posesión de su cargo, lo primero que hicieron fue suspender la orden de destierro (quizás para permitir las exequias de Cavalcanti), lo que no significó, en absoluto, la pacificación de los ánimos en Florencia.
En todo caso, Dante continuó desempeñando papeles políticos de cierto relieve, cada vez más comprometidos con los güelfos blancos frente a las pretensiones de Bonifacio VIII, del que se convertirá en el máximo detractor, como bien se ve en la Commedia. Es posible que el antagonismo se debiera a razones ideológicas o que tuviera su inicio en la intransigencia del propio Dante, o -según es fama desde antiguo-, que fuera originado por la retención de que fue objeto Dante al ir como embajador a Roma en otoño de 1301, mientras que el resto de los miembros de la embajada quedaban en libertad para regresar a Florencia, en la que había entrado Carlos de Valois en representación del Papa para hacer las paces entre los bandos litigantes: los güelfos negros que estaban desterrados -con Corso Donati al frente- se dieron al robo, a la destrucción, al asesinato y al pillaje durante cinco días, al cabo de los cuales desterraron a los blancos supervivientes. Dante fue uno de ellos: la orden de exilio de dos años fue dada el 27 de enero de 1302, acusado de malversación de los caudales públicos, a la vez que fue condenado a pagar una multa de cinco mil florines. Al no presentarse en Florencia para cumplir el castigo, se revisó su sentencia dos meses más tarde: fue condenado a morir en la hoguera y sus bienes fueron confiscados (10 de marzo de 1302). Dante no regresó ya a su ciudad.
La situación política hizo que los güelfos blancos, desterrados de Florencia en 1302, se aliaran con sus antiguos enemigos los gibelinos, también desterrados, para poder neutralizar -al menos en parte- las pretensiones papales sobre la ciudad. Poco pudieron las armas y Dante, amargado y vencido, empezó a distanciarse de sus compañeros políticos para reiniciar en el destierro la actividad literaria que había tenido casi abandonada durante varios años. Corría el mes de julio de 1304. En Arezzo nacía Francesco Petrarca, hijo de un güelfo blanco amigo de Dante, que también había sido desterrado en 1302.
Poco se sabe de los años siguientes. Boccaccio alude a una incesante actividad viajera:
"Él, más allá de lo que esperaba, varios años, de regreso de Verona (adonde había ido en su primera fuga, en busca de micer Alberto della Scala, del que fue recibido con benevolencia), estuvo con honra y de forma bastante adecuada, según el tiempo y sus posibilidades, ora con el conde Salvático en Casentino, ora con el marqués Morruello Malespina en Lunigiana, ora con los de la Faggiuola en los montes vecinos a Urbino. Luego se marcho a Bolonia de donde al poco tiempo fue a Padua y de allí regresó a Verona. [75] Pero después de que vio que se le cerraba el camino de regreso por todas partes y que día a día era más vana su esperanza, no sólo abandonó Toscana, sino toda Italia, y pasados los montes que la separan de la provincia de Galia, como pudo, se marchó a París; y allí se entregó por completo al estudio de la filosofía y de la teología, recuperando para sí lo que quizás se le había marchado de las demás ciencias debido a los impedimentos que había tenido".
[Boccaccio, Vida de Dante , cap. V, 74-75. Trad. C. Alvar, Madrid, Alianza, 1995].
Son muchos datos difíciles de aceptar, pues algunos de sus protectores eran güelfos negros y otros, gibelinos; tampoco el viaje a Francia es incontrovertible... En definitiva, nada hay seguro acerca de la actividad del poeta en los años siguientes al exilio. Lo que en todo caso parece cierto es que en esos años empezó a escribir el De vulgari eloquentia y el Convivio, su dos tratados principales anteriores a la Commedia, ambos inconclusos.
Verona fue el lugar donde Dante tuvo su residencia durante más tiempo, en los años de la esperanza y en los de la desilusión. Cuando en 1308 Enrique VII fue elegido emperador, renacieron las esperanzas de los gibelinos y de los güelfos blancos, que vieron en él al posible pacificador, o más aún, el apoyo que necesitaban frente al creciente poder papal. Así parecía prometerlo su carrera: apenas unos meses después de su elección, fue coronado rey de Alemania en Aquisgrán (6 de enero de 1309), e inmediatamente se dispuso a entrar en Italia, tanto para visitar las ciudades imperiales como para recibir la solemne investidura. Sin embargo, sus pretensiones se vieron aplazadas sistemáticamente por las más variadas intrigas y tardó dos años en ser coronado Rey de Romanos (Milán, 6 de enero de 1311) y otros dos años más en ser ungido emperador en Roma (27 de junio de 1313). Fueron muchas las ciudades que le negaron su reconocimiento, entre otras, las que eran baluarte de los güelfos negros o que dependían más directamente del papado: Brescia, Cremona, Padua, Roma, Nápoles, las principales ciudades toscanas, y sobre todo, Florencia. Llegaban nuevos aires de guerra y la esperanza de que el Emperador consiguiera imponer su autoridad al Papa (o lo que era igual, reducir el influjo francés en la política italiana, que culminaría con el traslado de la sede papal a Aviñón en 1309). Pero la repentina muerte de Enrique VII cerca de Siena, el 24 de agosto de 1313, hundió las esperanzas de los gibelinos y de gran parte de los güelfos blancos.
Dante estaba en plena madurez según Boccaccio lo describe -y coincide con la iconografía existente-.
"Éste nuestro poeta fue de mediana estatura, y, cuando llegó a la edad madura, iba algo encorvado y su caminar era grave y tranquilo, iba vestido siempre de honestísimos paños, con la ropa que convenía a su madurez. Su rostro era largo, nariz aguileña, los ojos más grandes que pequeños, las mandíbulas grandes, y el labio de abajo montado en el de arriba; de tez morena, con cabellos y barba abundantes, negros y crespos, siempre con el rostro melancólico y pensativo.
En sus costumbres caseras y públicas fue admirablemente ordenado y sobrio, y en todo, más cortés y educado que nadie. En la comida y en la bebida fue muy frugal, tanto porque lo hacía en las horas adecuadas, como porque no traspasaba el límite de la necesidad al tomarlo; y no tuvo más interés en eso que en cualquier otra cosa: alababa las cosas delicadas y generalmente se alimentaba con comidas normales, censurando a aquellos que pasaban parte de su aplicación en tener cosas selectas y en hacer que se las prepararan con suma diligencia, y afirmaba que estos tales no comían para vivir, sino que más bien vivían para comer. Nadie fue más vigilante que él en los estudios y en cualquier otra preocupación que le punzase; tanto que varias veces la mujer y su familia se dolieron por ello, hasta que, acostumbradas a sus costumbres, esto dejara de importarles.
En pocas ocasiones hablaba, si no era para preguntar, y en éstas, con firmeza y voz adecuada a la materia de la que hablaba; no obstante, allí donde se le pedía, era elocuentísimo y de fácil palabra, y con óptima y pronta pronunciación.
Se deleitó mucho con música y cantos en su juventud y fue amigo de todos aquellos que eran buenos cantantes y músicos en aquel tiempo, y los frecuentaba; atraído por este deleite compuso muchas cosas que, con agradable y magistral anotación, hacía revestir a todos ellos.
De modo semejante le agradaba estar solo y lejos de la gente, para que sus razonamientos no le fueran interrumpidos; y si alguna vez le llegaba alguno que le agradara mucho, cuando se encontraba entre la gente, si se le preguntaba por alguna cosa, no contestaba al que le había preguntado hasta llegar a un resultado positivo o negativo: así le ocurrió muchas veces cuando le preguntaban estando a la mesa, en el camino con compañeros o en cualquier otra parte.
Se dedicaba con ahínco a sus estudios, en las ocasiones en que se disponía a hacerlos, de tal modo que ninguna noticia que oyera podía hacer que los abandonara.
Tuvo este poeta además capacidades dignas de admiración, memoria muy firme e intelecto perspicaz... Fue de gran ingenio y de sutil imaginación, tal como a los conocedores ponen bastante más de manifiesto sus obras que mis letras. Fue muy deseoso de honores y pompas, quizás más de lo que le sería pedido a su ínclita virtud. ¿Pero qué? ¿Qué vida es tan humilde que no sea alcanzada por la dulzura de la gloria?"
[Boccaccio, Vida de Dante, cap. VIII; trad. C. Alvar, loc. cit.]
Verona era uno de los lugares que habían recibido con alegría la llegada del emperador. Era señor de la ciudad Cangrande della Scala, que fue nombrado vicario imperial (1311) y excomulgado por el papa en 1318. A partir de ese mismo año, se convirtió en capitán general de la Liga Gibelina, consiguiendo someter gran parte del norte de Italia. En Verona debió pasar Dante varios años, desde 1312 hasta 1318, justamente los años en los que escribió la mayor parte de la Commedia , cuyo Paradiso dedica a Cangrande en una conocida e importante epístola (la XIII) en la que elogia a su protector y le explica los distintos niveles de interpretación del poema (además de aludir al mismo señor de la ciudad en Par . XVII, 76 y ss.). La fama de Dante estaba ya consolidada desde que se difundió el Inferno (1314) y el Purgatorio (1315-1316).
Es posible que esa fama le abriera las puertas de la corte de Guido Novello da Polenta (o Guido el Joven), poeta y protector de artistas en Rávena, donde pasaría los últimos años de su vida, honrado y estimado por su anfitrión y por los demás miembros de su séquito, posiblemente ocupando la cátedra de Retórica y Poesía. Allí, por fin, acudirían al lado del poeta sus hijos Jacopo y Pietro, y quizás también su hija Antonia (que profesaría como monja con el nombre de Beatriz). Dante había pasado los cincuenta años, era poeta prestigioso y diplomático experimentado: no extraña que Guido de Polenta lo utilizara como embajador en ocasiones delicadas, para aliviar tensiones o reducir hostilidades; tal era el caso con Venecia, donde fue enviado en representación de Rávena y donde debió contraer unas fiebres (quizás paludismo) que acabarían con su vida el 13 o 14 de septiembre de 1321, apenas concluida la Commedia, tanto que muchos llegaron a pensar que había quedado inacabada, según atestigua Boccaccio, aunque es bien conocida su tendencia a la fabulación y a la construcción de situaciones nuevas:
"Había sido costumbre suya que cuando tenía acabados seis u ocho o más cantos, o menos, se los enviaba antes de que ningún otro los viera, estuviese donde estuviese, a micer Cane della Scala, al que reverenciaba más que a cualquier otro hombre; y, después de haber sido vistos por éste, hacía copias para quienes las querían. Habiéndole enviado de esta manera todos los cantos salvo los trece últimos, y habiéndolos hecho, aunque aún no se los había mandado, sin dar noticias a nadie de que los dejaba, se murió. Tras buscar los que quedaron, hijos y díscipulos, en varias ocasiones y durante meses, entre todos sus escritos, si a su obra le había dado fin, y no encontrándose en modo alguno los cantos que faltaban, sus amigos ya se lamentaban porque Dios no lo había prestado al mundo lo suficiente como para dar fin a lo poco que restaba de su obra y no encontrándolos, dejaron de buscar desesperados.
Iacopo y Pietro, hijos de Dante, ambos poetas, persuadidos por algunos de sus amigos, se pusieron a suplir la obra paterna en la medida de sus posibiidades, para que no quedara inacabada; entonces, se apareció a Iacopo, que era mucho más aplicado en esto que su hermano, una admirable visión, que no sólo lo apartó de la estulta presunción, sino que además le mostró dónde estaban los trece cantos que faltaban a la divina Comedia, y que no habían sabido encontrar".
[Boccaccio, Vida de Dante , cap. XIV, 183-189; trad. C. Alvar, loc. cit.]
Obras
Dante escribió en verso y en prosa, en italiano y en latín. Entre sus obras juveniles se encuentran la colección de composiciones poéticas (Rime) en las que destaca fundamentalmente la búsqueda de nuevos caminos expresivos, que le llevan desde los modelos sículo-toscanos al Dolce Stil Novo y a la rápida superación de esta escuela: la variedad de registros y la riqueza de temas de su poesía se han considerado como el paso previo, necesario, para llegar a la Divina Comedia. La Vita Nuova se sitúa entre 1294 y 1295, y es, sin duda, el texto que mejor representa los ideales del Dante joven: por una parte, apegado a las pautas del Stil Novo , por otra, es reflejo de las preocupaciones estéticas y lingüísticas del autor, que comenta sus propias poesías. Por último, es el preludio de la Comedia, reflejo del proceso de maduración y del nivel alcanzado en muy poco tiempo.
Las preocupaciones lingüísticas y estéticas se manifiestas en dos tratados: el Convivio, escrito en latín y el De vulgari eloquentia, en italiano. Son posiblemente contemporáneos (h. 1304-1307) y fueron redactados en los años posteriores al fracaso político; quedaron inacabados con el comienzo de la Comedia . En ambos textos se refleja el deseo de Dante de adquirir fama de sabio, de filósofo entre sus contemporáneos y, de ese modo, recuperar la posición política y social perdida. Para llevar a cabo su propósito reflexiona sobre su propia obra y sobre la lengua, lo que no le impide hacer una amplia digresión sobre el Imperio, primer testimonio del pensamiento político del autor, minuciosamente expresado más tarde en la Monarchia (de difícil datación, relacionada con Enrique VII) y en la misma Comedia . A este conjunto habría que añadir las Epístolas y un par de textos escritos en la vejez, que se vinculan con su experiencia didáctica: se trata de la Quaestio de aqua et terra y de las dos Eclogae latinas, en correspondencia con Giovanni del Virgilio.