martes, 16 de febrero de 2016



16 DE FEBRERO DE 1746 NACE :

JOHANN JAKOB WILHELM HEISE

Escritor alemán, nacido en Langewiesen (Ilmenau) en 1746 y fallecido en Aschaffenburg en 1803.

Su verdadero apellido era Heintze, y procedía de una familia de organistas. Estudió Derecho en Jena y Erfurt, y apoyado por J.W.L. Gleim y por F.H. Jacobi, ejerció durante algún tiempo como preceptor y como redactor de la revista Iris. Tras un anhelado viaje a Italia entre 1780 y 1783, ocupó el cargo de Consejero y Bibliotecario del arzobispo de Mainz, donde su talento atrajo pronto la atención de importantes escritores como F.M. Klinger, Ch. M. Wieland y Goethe, aunque posteriormente le rechazaron por su despreocupación respecto de las convenciones vigentes, juicio que se sigue manteniendo incluso hoy en día.

Para su época fue, por tanto, un revolucionario marginal, al que le unían con el Sturm und Drang (Tormenta e Impulso)sus grandes ansias de libertad y el deseo de emancipación respecto de toda convención política, religiosa, moral y artística. Su concepción materialista le mantuvo ligado a la Ilustración francesa, luchó contra los prejuicios y la falta de razón, rechazando el ideal de virtud propio de la época. El Sentimentalismo no logró hacer mella en él, así que sus Sinngedichte (Epigramas, 1771) siguen la moda anacreóntica iniciada por Wieland; consiguió que Goethe y otros muchos se entusiasmaran con la primera de sus novelas filosóficas, el Laïdion (1774), aunque su obra de mayor éxito fue sin duda Ardinghello und glückseeligen Inseln (Ardinghello y las islas afortunadas, 1787), en las que el goce de los sentidos se convierte en principio vital. En ella se recogen descripciones y explicaciones muy precisas y detalladas de un buen número de obras de las artes plásticas. Dos novelas posteriores tienen como temas centrales la música (Hildegard von Hohenthal, 1795/96) y el ajedrez.

Sus mundos soñados contrastan brutalmente con su situación vital. Un año después de su muerte, F. Hölderlin, a quien había conocido en Kassel, le dedicó la elegía Brot und Wein. An Heinze (Vino y pan. A Heinze). Su alegría vital impresionó años después a C. Brentano, a algunos representantes de la Joven Alemania, como Heinrich Heine y H. Laube, e incluso a Nietzsche, a cuyo pensamiento se adelantó Heinse en cierto modo.