lunes, 29 de febrero de 2016

OCTAVIO PAZ

ACABAR CON TODO

Dame, llama invisible, espada fría,
Tu persistente cólera,
Para acabar con todo,
Oh mundo seco,
Oh mundo desangrado,
Para acabar con todo.
Arde, sombrío, arde sin llamas,
Apagado y ardiente,
Ceniza y piedra viva,
Desierto sin orillas.
Arde en el vasto cielo, laja y nube,
Bajo la ciega luz que se desploma
Entre estériles peñas.
Arde en la soledad que nos deshace,
Tierra de piedra ardiente,
De raíces heladas y sedientas.
Arde, furor oculto,
Ceniza que enloquece,
Arde invisible, arde
Como el mar impotente engendra nubes,
Olas como el rencor y espumas pétreas.
Entre mis huesos delirantes, arde;
Arde dentro del aire hueco,
Horno invisible y puro;
Arde como arde el tiempo,
Como camina el tiempo entre la muerte,
Con sus mismas pisadas y su aliento;
Arde como la soledad que te devora,
Arde en ti mismo, ardor sin llama,
Soledad sin imagen, sed sin labios.
Para acabar con todo,
Oh mundo seco,
Para acabar con todo.



JORGE LUIS BORGES

ALGUIEN

Un hombre trabajado por el tiempo,
Un hombre que ni siquiera espera la muerte
(Las pruebas de la muerte son estadísticas
Y nadie hay que no corra el albur
De ser el primer inmortal),
Un hombre que ha aprendido a agradecer
Las modestas limosnas de los días:
El sueño, la rutina, el sabor del agua,
Una no sospechada etimología,
Un verso latino o sajón,
La memoria de una mujer que lo ha abandonado
Hace ya tantos años
Que hoy puede recordarla sin amargura,
Un hombre que no ignora que el presente
Ya es el porvenir y el olvido,
Un hombre que ha sido desleal
Y con el que fueron desleales,
Puede sentir de pronto, al cruzar la calle,
Una misteriosa felicidad
Que no viene del lado de la esperanza
Sino de una antigua inocencia,
De su propia raíz o de un dios disperso.
Sabe que no debe mirarla de cerca,
Porque hay razones más terribles que tigres
Que le demostrarán su obligación
De ser un desdichado,
Pero humildemente recibe
Esa felicidad, esa ráfaga.
Quizá en la muerte para siempre seremos,
Cuando el polvo sea polvo,
Esa indescifrable raíz,
De la cual para siempre crecerá,
Ecuánime o atroz,
Nuestro solitario cielo o infierno.