miércoles, 14 de septiembre de 2016

HUGO BALL 
CABARET
1.
Tras el telón posa a fuerza el exhibicionista
y lo seduce Pimpronella en rojos corpiños.
Koko el dios verde ruidoso palmea.
Entonces se inflaman los viejos patiños.
¡Tsingtara! Es un largo instrumento de viento.
Le sale un banderín de baba y dice “sierpe”.
En cajas de violín guardan todos a sus damas
y luego se deforman. Les dará pronto miedo.
Reposa en la entrada Camodina la aceitosa.
Como chaquiras se estrella lingotes en los muslos.
Él arranca los ojos a una lámpara de arco,
Y el techo en llamas se derumba en sus hombros.
2.
De la oreja afilada de un burro cacha moscas
un clown, que viene de otras naciones.
Por pequeños tubillos que se tuercen verdosos
sostiene contacto en la ciudad con barones.
En las pistas altas del aire, donde enarmónicas
se trozan las cuerdas, uno en su llano se esfuma,
platónico intenta montar un camello de bajo
calibre; a la felicidad con ello abruma.
El exhibicionista, que nunca tras telón
había servido, calmo y celoso a la dulzura,
de pronto se olvida del velo de sucesos,
y conduce una tropa de chicas en frescura.
( foto de Hugo Ball en el Cabaret Voltaire)

Resultado de imagen para MARIO BENEDETTI HAGAMOS UN TRATO
Compañera

usted sabe
que puede contar
conmigo
no hasta dos
ni hasta diez
sino contar
conmigo.
Si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo.
Si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo.
Pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe
que puede
contar conmigo.
MARIO BENEDETTI
AYER
Ayer pasó el pasado lentamente
con su vacilación definitiva
sabiéndote infeliz y a la deriva
con tus dudas selladas en la frente
ayer pasó el pasado por el puente
y se llevó tu libertad cautiva
cambiando su silencio en carne viva
por tus leves alarmas de inocente
ayer pasó el pasado con su historia
y su deshilachada incertidumbre/
con su huella de espanto y de reproche
fue haciendo del dolor una costumbre
sembrando de fracasos tu memoria
y dejándote a solas con la noche.
14 DE SEPTIEMBRE DE 1580 NACE 
FRANCISCO DE QUEVEDO
Francisco de Quevedo. Madrid.
Poeta, dramaturgo y narrador español, nacido en Madrid el 14 de septiembre de 1580 y muerto en Villanueva de los Infantes (Ciudad Real) el 8 de septiembre de 1645. Máximo representante de la corriente conceptista que floreció en las letras hispánicas del Siglo de Oro, tuvo el acierto de forjar una prosa tersa, pulida y esmerada, cuya riqueza y variedad sólo tienen comparación con la altura a la que se remontan los alardes lingüísticos de su poesía.
Vida
Hasta el año 2008 se aceptó como fecha probable de su nacimiento el 17 de septiembre de 1580. No obstante, un estudio dado a conocer el citado año reveló que Quevedo nació el 14 de septiembre, es decir, tres días antes de la fecha estimada y generalmente aceptada por todos. El estudio está basado en un conjunto de versos y cartas en los que el propio autor hace alguna referencia a su nacimiento, según afirmó el presidente de la Fundación Francisco de Quevedo, Jose Luis Rivas, director de la investigación.
Quevedo pertenecía a una familia de la baja nobleza, que se había integrado en el alto funcionariado y en la servidumbre de palacio. Así, su padre, el montañés Pedro Gómez de Quevedo, fue secretario particular de la infanta doña María, futura esposa de Maximiliano II, y de la reina doña Ana de Austria. Su madre, Ana de Santibáñez, fue dama de la reina y de la infanta Isabel Clara Eugenia. De esta manera, Quevedo anduvo por palacio desde su infancia. Estudió en el Colegio Imperial, situado en la madrileña calle de Toledo, en el edificio que hoy alberga al Instituto de Bachillerato "San Isidro", que regentaba la Compañía de Jesús, y, posteriormente, en las universidades de Alcalá y Valladolid (en ésta última Teología entre 1601 y 1606, años en los que la corte estuvo instalada allí). De estos años datan su enemistad con Góngora, el inicio de su correspondencia con Justo Lipsio y su fama como poeta, cimentada sobre todo en la aparición de poemas suyos en las Flores de poetas ilustres, recogidas por Pedro de Espinosa y publicadas en Valladolid en 1605.
Francisco de Quevedo, retratado por Velázquez.
En 1606, vuelve a Madrid con la corte y comienza a buscar acomodo dentro de ella. Lo hallará en primer lugar con el Duque de Osuna, al que conoció, al parecer, durante sus años de estudiante en Alcalá de Henares. Comienza a escribir sus Sueños y su España defendida de los tiempos de ahora, y traduce a Anacreonte y a Focílides; concurre a academias como la del conde de Saldaña. Al tiempo, orgulloso de su origen nobiliario, inicia un pleito por el señorío de la Torre de Juan Abad, que ganaría en 1631 y que le costaría abundantes esfuerzos y dineros. En 1613, y tras padecer una crisis espiritual que se plasmó en sus Lágrimas de Jeremías castellanas (entre otras obras), acepta el puesto de secretario del Duque de Osuna, con el que parte a Sicilia y, de allí, a Nápoles. Durante sus años en Italia, realiza importantes misiones diplomáticas para el Duque, que, en pago, le consigue el hábito de Santiago. Entre ellas, además de sobornos en la corte para lograr el virreinato de Nápoles para el duque, destacará la famosa la conjuración de Venecia, en la que el poeta se verá involucrado. Al caer en desgracia su protector en 1620, sufrió destierro en la Torre y prisión al año siguiente y hasta 1622.
En 1634, se casa con Esperanza de Mendoza, señora de Cetina, viuda de la que se separó a los dos años y que lo dejó viudo en 1641. Mientras, la dureza de sus burlas contra todo el mundo le han granjeado numerosos enemigos, entre ellos el todopoderoso Olivares del que tanto había esperado en principio el autor (véanse al respecto obras suyas como El Chitón de las Tarabillas o la dedicatoria enderezada al valido al frente de la edición de la Poesía de fray Luis de León, así como el nombramiento del autor para secretario del rey, que dan muestra de una relación que en principio no podía ser mejor). Todo ello lo sitúa en una posición incómoda que propicia ataques como los enderezados por Pacheco de Narváez, el padre Niseno y Juan Pérez de Montalbán en el Tribunal de justa venganza, erigido contra los escritos de don Francisco de Quevedo, maestro de errores, doctor en desverguenzas, licenciado en bufonerías, bachiller en suciedades, catedrático de vicios y protodiablo entre los hombres, publicado en 1635. En este mismo año, Pacheco de Narváez lo denuncia a la Inquisición. Los ataques se centran, con frecuencia, en su cojera y en su miopía, de los que hizo burla él mismo.
En 1639, es detenido acusado de ser espía de los franceses y conducido a San Marcos de León, donde permanece hasta 1643 en tan malas condiciones que su salud se resiente. La anécdota de que el poeta logró hacer llegar hasta la servilleta del rey un memorial contra el valido y que éste fue el origen de la indisposición nunca ha logrado ser comprobada. Con todo, la epístola "No he de callar por más que con el dedo" dirigida al valido, señala cierta indisposición del poeta para con un régimen que perpetuaba los errores del que había querido corregir. Durante estos años de cárcel, escribe obras como el Marco Bruto, que publica a su regreso a Madrid en 1644. Al año siguiente se retira a la Torre de Juan Abad, donde continúa escribiendo hasta que su enfermedad lo obliga a trasladarse a Villanueva de los Infantes, donde muere el día 8 de septiembre. Sus restos se conservan en la capilla de la Virgen de la Soledad de la iglesia parroquial de San Andrés Apóstol de este pueblo manchego.
Obra
La obra de Quevedo abarca tanto la prosa como el verso y el teatro, aunque en éste último su habilidad se mostrara menor. Los temas tratados por el autor, en uno y otro género, van de la burla más descarada y cruel, que es por lo que es más conocido, hasta la meditación más honda sobre el sentido de la vida, pasando por reflexiones de carácter político y por una lírica amorosa que contradice en su hondura la misoginia que tantas veces demuestra en sus obras de burlas.
AMOR CONSTANTE
MÁS ALLÁ DE LA MUERTE
"Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera.
Mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, más tendrán sentido;
polvo serán, más polvo enamorado".
Sólo parte de dicha obra se publicó en vida del autor. Así, la poesía no vio la luz hasta 1648, a cargo de Pedro González de Salas, bajo el título de El Parnaso español, monte en dos cumbres dividido, con las nueve Musas, edición completada por Pedro Aldrete y Villegas, sobrino del poeta, bajo el título de Las tres musas últimas castellanas (1670).

14 DE SEPTIEMBRE DE 1321 MUERE:
DANTE ALIGHIERI
Dante Alighieri nació en Florencia a finales del mes de mayo de 1265. Eran tiempos de guerra. La muerte del emperador Federico II de Sicilia (1250) no sólo causó el desmembramiento de una floreciente escuela poética sino que produjo -sobre todo- un recrudecimiento en las posturas de los partidarios del poder imperial (gibelinos) y los defensores del dominio del papado (güelfos). Por causas diversas, estallaron sangrientos choques en 1248. El motivo remoto fue -al parecer- la muerte de un Buondelmonti, marido infiel de una Amidei. El 4 de septiembre de 1260 los gibelinos de Florencia y Siena, capitaneados por los Uberti y ayudados por Manfredo -hijo ilegítimo de Federico II- impusieron su poder en Monteaperti a los güelfos de Toscana. Los güelfos huyeron despavoridos de Florencia: la muerte y el saqueo fueron sistemáticos e implacables en la ciudad del Arno.
La familia de Dante permaneció en la ciudad a pesar de los peligros que acechaban a los güelfos. Y en Florencia nació el poeta, cinco años después del desastre de Monteaperti. Pero Fortuna, que siempre fue voluble, quiso que los gibelinos fueran derrotados apenas un año más tarde en Benevento: el rey Manfredo fue vencido y halló la muerte durante la batalla. Carlos de Anjou, paladín de las ambiciones papales, consiguió imponerse con un ejército de provenzales, languedocianos y franceses. Esta vez fue el río Calore el testigo del combate, el 26 de febrero de 1266. El cuerpo de Manfredo apareció dos días después y quedó sepultado bajo un alto montón de piedras que depositaron los angevinos al lado del puente de Benevento. El papa, considerando tal enterramiento como un gran honor, ordenó que lo desenterraran y lo llevaran más allá de los límites del reino con los cirios apagados, como reo de excomunión.
La persecución que llevaron a cabo los güelfos fue tan implacable como la de los gibelinos algunos años antes. Cundieron las órdenes de destierro y de privación de bienes dictadas contra los partidarios del poder imperial.
Toda esperanza de cambio quedó aniquilada dos años más tarde, cuando el ejército gibelino, mandado por los herederos de los Hohenstaufen, fue exterminado en Tagliacozzo (1268): sus jefes fueron públicamente decapitados en Nápoles, a excepción del Infante D. Enrique de Castilla, hermano y enemigo de Alfonso X, que no recuperó la libertad hasta 1294.
Las continuas humillaciones infligidas por los partidarios de las distintas tendencias a las banderías contrarias alejaban de Florencia cada vez más la paz. Dante tenía trece años y su madre ya había muerto, dejándole un recuerdo que reaparece continuamente en la Commedia, donde la imagen materna protege, cuida y alimenta al hijo.
Según Boccaccio, la infancia de nuestro poeta transcurrió con abundantes signos de la futura gloria de su ingenio: a partir de los ocho años, se dedicó al aprendizaje de las letras y de las artes liberales, destacando de forma admirable. Sin embargo, hay que advertir que la actividad cultural de Florencia no era comparable en modo alguno a la de Bolonia, Arezzo y Siena, que contaban con sendas universidades: la escasez de maestros de gramática en la ciudad de Dante parece indudable y la preparación del niño quedó lejos de ser buena, pues con dificultad conseguía leer a Boecio y Cicerón a los veinticinco años, acostumbrado como estaba al latín eclesiástico, bíblico. Por lo demás, sus estudios debieron ser los habituales de la Escuela medieval y los autores leídos fueron, sin duda, los del programa del Trivium, acompañados por los versos de los poetas vulgares más famosos: algunos trovadores provenzales y franceses, sicilianos y sículo-toscanos.
En el mes de mayo de 1274 vio por primera vez a Beatriz, hija de Folco Portinari: la niña tenía ocho años y Dante nueve. En la Vita Nuova ocupa un lugar destacado este primer encuentro y a través de este libro se puede reconstruir la actividad que desarrolló Dante entre el primer encuentro y nueve años más tarde, 1283, en que volvió a ver a Beatriz. Sin duda, continuó sus estudios en la Escuela y, posiblemente, empezó a ejercitarse en el arte de la poesía y a frecuentar la compañía de los poetas florentinos más en boga, famosi trovatori in quello tempo. También la familia preparó su matrimonio con Gemma Donati (el 9 de enero de 1277), con la que se casaría en 1285.
La Vita Nuova fue escrita quizás en 1294 o muy poco tiempo antes. Beatriz había muerto la noche del 8 de junio de 1290. Los sentimientos del poeta quedan de manifiesto en este librito, que se cierra con un enigmático episodio: un año después de la muerte de su amada, mientras estaba entregado al recuerdo, vio a una mujer joven y hermosa que parecía capaz de toda compasión. El rostro de la dama tiene el color de las perlas, como el de Beatriz, y su actitud afectuosa hace que el recuerdo de la amada se nuble ligeramente. Pero el poeta no busca una nueva pasión, sino el consuelo; poco a poco va olvidando los sufrimientos pasados, hasta el día en que la figura de Beatriz reaparece con toda su fuerza y con el mismo aspecto que tenía la primera vez que la vio: Dante se arrepiente y vuelve al triste recuerdo. Es entonces cuando el poeta, dispuesto a contemplar a la amada en la gloria, es reconfortado con una visión admirable, tan extraordinaria que el escritor decide abandonar su obra hasta el momento en que se considere capaz de hablar de Beatriz diciendo de ella cosas que no han sido dichas de ninguna mujer.
Ese sería el origen de la Commedia, aunque Dante tardaría unos quince años en cumplir su promesa. Son años intensos en la vida de Dante: el poeta tiene apenas treinta años y, literariamente, ya ha superado los movimientos más relevantes de su entorno: ha dejado atrás las imitaciones de los sicilianos, los experimentos de los sículo-toscanos (especialmente de Guittone d'Arezzo) y se ha distanciado de los stilnovisti, aunque sigue manteniendo relaciones con Guido Cavalcanti y con Cino da Pistoia.
Ciertamente, nuestro autor está descontento y contempla estos años posteriores a la muerte de Beatriz como los que más le alejaron del recto camino. Son los años de los yerros de su vida, a juzgar por los reproches que le dirige Beatriz (en Purgatorio XXX y XXXI), aunque resulta difícil saber si los errores eran morales, intelectuales o de algún otro tipo. Es un período de diez años, entre la muerte de la amada (1290) y el inicio de su visita al Infierno, situado posiblemente el 25 de marzo del año 1300.
La guerra y los enfrentamientos civiles continúan mientras tanto en Florencia. El mismo Dante debió tomar parte en el asedio de Poggio Santa Cecilia (1286-1287) y en las batallas de Campaldino y Caprona (1289). Más tarde, aparecerá inscrito como miembro del gremio de doctores y representante de su ciudad en embajadas y otras misiones diplomáticas (1295-1301).
En Pistoia se habían dividido los güelfos en dos bandos, blancos y negros, división que no tardó en llegar a Florencia. Dante, comprometido con ambos bandos, no llega a tomar partido abiertamente por ninguno de ellos. Los tiempos eran difíciles y se complicaban cada vez más con las arbitrariedades de Bonifacio VIII y con la política papal de apoyo a los grandes señores florentinos, en especial al turbulento Corso Donati, cabecilla de los güelfos negros y pariente lejano de la mujer de Dante. No tardó en estallar la guerra entre las dos banderías y Dante -ya decididamente comprometido con la política de los blancos- acude como embajador a San Gimignano en busca de apoyo. Poco después es elegido como uno de los seis priores que debían gobernar Florencia durante dos meses, breve período de tiempo que marcaría inevitablemente los veinte años de vida que le quedaban, según indica el mismo Dante en una carta desaparecida: "Todos los males y los inconvenientes míos en los infaustos comicios de mi priorato tuvieron su causa y principio". Efectivamente, fueron sólo dos meses, pero llenos de tumultos y dificultades: una reyerta callejera enfrentó a un grupo de nobles con algunos miembros del pueblo. El resultado fue el destierro de quince cabecillas de la nobleza -güelfos blancos y negros- con sus familias; entre ellos se encontraba Guido Cavalcanti, que moriría poco después (1300). Cuando los seis priores siguientes tomaron posesión de su cargo, lo primero que hicieron fue suspender la orden de destierro (quizás para permitir las exequias de Cavalcanti), lo que no significó, en absoluto, la pacificación de los ánimos en Florencia.
En todo caso, Dante continuó desempeñando papeles políticos de cierto relieve, cada vez más comprometidos con los güelfos blancos frente a las pretensiones de Bonifacio VIII, del que se convertirá en el máximo detractor, como bien se ve en la Commedia. Es posible que el antagonismo se debiera a razones ideológicas o que tuviera su inicio en la intransigencia del propio Dante, o -según es fama desde antiguo-, que fuera originado por la retención de que fue objeto Dante al ir como embajador a Roma en otoño de 1301, mientras que el resto de los miembros de la embajada quedaban en libertad para regresar a Florencia, en la que había entrado Carlos de Valois en representación del Papa para hacer las paces entre los bandos litigantes: los güelfos negros que estaban desterrados -con Corso Donati al frente- se dieron al robo, a la destrucción, al asesinato y al pillaje durante cinco días, al cabo de los cuales desterraron a los blancos supervivientes. Dante fue uno de ellos: la orden de exilio de dos años fue dada el 27 de enero de 1302, acusado de malversación de los caudales públicos, a la vez que fue condenado a pagar una multa de cinco mil florines. Al no presentarse en Florencia para cumplir el castigo, se revisó su sentencia dos meses más tarde: fue condenado a morir en la hoguera y sus bienes fueron confiscados (10 de marzo de 1302). Dante no regresó ya a su ciudad.
La situación política hizo que los güelfos blancos, desterrados de Florencia en 1302, se aliaran con sus antiguos enemigos los gibelinos, también desterrados, para poder neutralizar -al menos en parte- las pretensiones papales sobre la ciudad. Poco pudieron las armas y Dante, amargado y vencido, empezó a distanciarse de sus compañeros políticos para reiniciar en el destierro la actividad literaria que había tenido casi abandonada durante varios años. Corría el mes de julio de 1304. En Arezzo nacía Francesco Petrarca, hijo de un güelfo blanco amigo de Dante, que también había sido desterrado en 1302.
Poco se sabe de los años siguientes. Boccaccio alude a una incesante actividad viajera:
"Él, más allá de lo que esperaba, varios años, de regreso de Verona (adonde había ido en su primera fuga, en busca de micer Alberto della Scala, del que fue recibido con benevolencia), estuvo con honra y de forma bastante adecuada, según el tiempo y sus posibilidades, ora con el conde Salvático en Casentino, ora con el marqués Morruello Malespina en Lunigiana, ora con los de la Faggiuola en los montes vecinos a Urbino. Luego se marcho a Bolonia de donde al poco tiempo fue a Padua y de allí regresó a Verona. [75] Pero después de que vio que se le cerraba el camino de regreso por todas partes y que día a día era más vana su esperanza, no sólo abandonó Toscana, sino toda Italia, y pasados los montes que la separan de la provincia de Galia, como pudo, se marchó a París; y allí se entregó por completo al estudio de la filosofía y de la teología, recuperando para sí lo que quizás se le había marchado de las demás ciencias debido a los impedimentos que había tenido".
[Boccaccio, Vida de Dante , cap. V, 74-75. Trad. C. Alvar, Madrid, Alianza, 1995].
Son muchos datos difíciles de aceptar, pues algunos de sus protectores eran güelfos negros y otros, gibelinos; tampoco el viaje a Francia es incontrovertible... En definitiva, nada hay seguro acerca de la actividad del poeta en los años siguientes al exilio. Lo que en todo caso parece cierto es que en esos años empezó a escribir el De vulgari eloquentia y el Convivio, su dos tratados principales anteriores a la Commedia, ambos inconclusos.
Verona fue el lugar donde Dante tuvo su residencia durante más tiempo, en los años de la esperanza y en los de la desilusión. Cuando en 1308 Enrique VII fue elegido emperador, renacieron las esperanzas de los gibelinos y de los güelfos blancos, que vieron en él al posible pacificador, o más aún, el apoyo que necesitaban frente al creciente poder papal. Así parecía prometerlo su carrera: apenas unos meses después de su elección, fue coronado rey de Alemania en Aquisgrán (6 de enero de 1309), e inmediatamente se dispuso a entrar en Italia, tanto para visitar las ciudades imperiales como para recibir la solemne investidura. Sin embargo, sus pretensiones se vieron aplazadas sistemáticamente por las más variadas intrigas y tardó dos años en ser coronado Rey de Romanos (Milán, 6 de enero de 1311) y otros dos años más en ser ungido emperador en Roma (27 de junio de 1313). Fueron muchas las ciudades que le negaron su reconocimiento, entre otras, las que eran baluarte de los güelfos negros o que dependían más directamente del papado: Brescia, Cremona, Padua, Roma, Nápoles, las principales ciudades toscanas, y sobre todo, Florencia. Llegaban nuevos aires de guerra y la esperanza de que el Emperador consiguiera imponer su autoridad al Papa (o lo que era igual, reducir el influjo francés en la política italiana, que culminaría con el traslado de la sede papal a Aviñón en 1309). Pero la repentina muerte de Enrique VII cerca de Siena, el 24 de agosto de 1313, hundió las esperanzas de los gibelinos y de gran parte de los güelfos blancos.
Dante estaba en plena madurez según Boccaccio lo describe -y coincide con la iconografía existente-.
"Éste nuestro poeta fue de mediana estatura, y, cuando llegó a la edad madura, iba algo encorvado y su caminar era grave y tranquilo, iba vestido siempre de honestísimos paños, con la ropa que convenía a su madurez. Su rostro era largo, nariz aguileña, los ojos más grandes que pequeños, las mandíbulas grandes, y el labio de abajo montado en el de arriba; de tez morena, con cabellos y barba abundantes, negros y crespos, siempre con el rostro melancólico y pensativo.
En sus costumbres caseras y públicas fue admirablemente ordenado y sobrio, y en todo, más cortés y educado que nadie. En la comida y en la bebida fue muy frugal, tanto porque lo hacía en las horas adecuadas, como porque no traspasaba el límite de la necesidad al tomarlo; y no tuvo más interés en eso que en cualquier otra cosa: alababa las cosas delicadas y generalmente se alimentaba con comidas normales, censurando a aquellos que pasaban parte de su aplicación en tener cosas selectas y en hacer que se las prepararan con suma diligencia, y afirmaba que estos tales no comían para vivir, sino que más bien vivían para comer. Nadie fue más vigilante que él en los estudios y en cualquier otra preocupación que le punzase; tanto que varias veces la mujer y su familia se dolieron por ello, hasta que, acostumbradas a sus costumbres, esto dejara de importarles.
En pocas ocasiones hablaba, si no era para preguntar, y en éstas, con firmeza y voz adecuada a la materia de la que hablaba; no obstante, allí donde se le pedía, era elocuentísimo y de fácil palabra, y con óptima y pronta pronunciación.
Se deleitó mucho con música y cantos en su juventud y fue amigo de todos aquellos que eran buenos cantantes y músicos en aquel tiempo, y los frecuentaba; atraído por este deleite compuso muchas cosas que, con agradable y magistral anotación, hacía revestir a todos ellos.
De modo semejante le agradaba estar solo y lejos de la gente, para que sus razonamientos no le fueran interrumpidos; y si alguna vez le llegaba alguno que le agradara mucho, cuando se encontraba entre la gente, si se le preguntaba por alguna cosa, no contestaba al que le había preguntado hasta llegar a un resultado positivo o negativo: así le ocurrió muchas veces cuando le preguntaban estando a la mesa, en el camino con compañeros o en cualquier otra parte.
Se dedicaba con ahínco a sus estudios, en las ocasiones en que se disponía a hacerlos, de tal modo que ninguna noticia que oyera podía hacer que los abandonara.
Tuvo este poeta además capacidades dignas de admiración, memoria muy firme e intelecto perspicaz... Fue de gran ingenio y de sutil imaginación, tal como a los conocedores ponen bastante más de manifiesto sus obras que mis letras. Fue muy deseoso de honores y pompas, quizás más de lo que le sería pedido a su ínclita virtud. ¿Pero qué? ¿Qué vida es tan humilde que no sea alcanzada por la dulzura de la gloria?"
[Boccaccio, Vida de Dante, cap. VIII; trad. C. Alvar, loc. cit.]
Verona era uno de los lugares que habían recibido con alegría la llegada del emperador. Era señor de la ciudad Cangrande della Scala, que fue nombrado vicario imperial (1311) y excomulgado por el papa en 1318. A partir de ese mismo año, se convirtió en capitán general de la Liga Gibelina, consiguiendo someter gran parte del norte de Italia. En Verona debió pasar Dante varios años, desde 1312 hasta 1318, justamente los años en los que escribió la mayor parte de la Commedia , cuyo Paradiso dedica a Cangrande en una conocida e importante epístola (la XIII) en la que elogia a su protector y le explica los distintos niveles de interpretación del poema (además de aludir al mismo señor de la ciudad en Par . XVII, 76 y ss.). La fama de Dante estaba ya consolidada desde que se difundió el Inferno (1314) y el Purgatorio (1315-1316).
Es posible que esa fama le abriera las puertas de la corte de Guido Novello da Polenta (o Guido el Joven), poeta y protector de artistas en Rávena, donde pasaría los últimos años de su vida, honrado y estimado por su anfitrión y por los demás miembros de su séquito, posiblemente ocupando la cátedra de Retórica y Poesía. Allí, por fin, acudirían al lado del poeta sus hijos Jacopo y Pietro, y quizás también su hija Antonia (que profesaría como monja con el nombre de Beatriz). Dante había pasado los cincuenta años, era poeta prestigioso y diplomático experimentado: no extraña que Guido de Polenta lo utilizara como embajador en ocasiones delicadas, para aliviar tensiones o reducir hostilidades; tal era el caso con Venecia, donde fue enviado en representación de Rávena y donde debió contraer unas fiebres (quizás paludismo) que acabarían con su vida el 13 o 14 de septiembre de 1321, apenas concluida la Commedia, tanto que muchos llegaron a pensar que había quedado inacabada, según atestigua Boccaccio, aunque es bien conocida su tendencia a la fabulación y a la construcción de situaciones nuevas:
"Había sido costumbre suya que cuando tenía acabados seis u ocho o más cantos, o menos, se los enviaba antes de que ningún otro los viera, estuviese donde estuviese, a micer Cane della Scala, al que reverenciaba más que a cualquier otro hombre; y, después de haber sido vistos por éste, hacía copias para quienes las querían. Habiéndole enviado de esta manera todos los cantos salvo los trece últimos, y habiéndolos hecho, aunque aún no se los había mandado, sin dar noticias a nadie de que los dejaba, se murió. Tras buscar los que quedaron, hijos y díscipulos, en varias ocasiones y durante meses, entre todos sus escritos, si a su obra le había dado fin, y no encontrándose en modo alguno los cantos que faltaban, sus amigos ya se lamentaban porque Dios no lo había prestado al mundo lo suficiente como para dar fin a lo poco que restaba de su obra y no encontrándolos, dejaron de buscar desesperados.
Iacopo y Pietro, hijos de Dante, ambos poetas, persuadidos por algunos de sus amigos, se pusieron a suplir la obra paterna en la medida de sus posibiidades, para que no quedara inacabada; entonces, se apareció a Iacopo, que era mucho más aplicado en esto que su hermano, una admirable visión, que no sólo lo apartó de la estulta presunción, sino que además le mostró dónde estaban los trece cantos que faltaban a la divina Comedia, y que no habían sabido encontrar".
[Boccaccio, Vida de Dante , cap. XIV, 183-189; trad. C. Alvar, loc. cit.]
Obras
Dante escribió en verso y en prosa, en italiano y en latín. Entre sus obras juveniles se encuentran la colección de composiciones poéticas (Rime) en las que destaca fundamentalmente la búsqueda de nuevos caminos expresivos, que le llevan desde los modelos sículo-toscanos al Dolce Stil Novo y a la rápida superación de esta escuela: la variedad de registros y la riqueza de temas de su poesía se han considerado como el paso previo, necesario, para llegar a la Divina Comedia. La Vita Nuova se sitúa entre 1294 y 1295, y es, sin duda, el texto que mejor representa los ideales del Dante joven: por una parte, apegado a las pautas del Stil Novo , por otra, es reflejo de las preocupaciones estéticas y lingüísticas del autor, que comenta sus propias poesías. Por último, es el preludio de la Comedia, reflejo del proceso de maduración y del nivel alcanzado en muy poco tiempo.
Las preocupaciones lingüísticas y estéticas se manifiestas en dos tratados: el Convivio, escrito en latín y el De vulgari eloquentia, en italiano. Son posiblemente contemporáneos (h. 1304-1307) y fueron redactados en los años posteriores al fracaso político; quedaron inacabados con el comienzo de la Comedia . En ambos textos se refleja el deseo de Dante de adquirir fama de sabio, de filósofo entre sus contemporáneos y, de ese modo, recuperar la posición política y social perdida. Para llevar a cabo su propósito reflexiona sobre su propia obra y sobre la lengua, lo que no le impide hacer una amplia digresión sobre el Imperio, primer testimonio del pensamiento político del autor, minuciosamente expresado más tarde en la Monarchia (de difícil datación, relacionada con Enrique VII) y en la misma Comedia . A este conjunto habría que añadir las Epístolas y un par de textos escritos en la vejez, que se vinculan con su experiencia didáctica: se trata de la Quaestio de aqua et terra y de las dos Eclogae latinas, en correspondencia con Giovanni del Virgilio.


14 DE SEPTIEMBRE DE 1927 MUERE
ISADORA DUNCAN
(San Francisco, 1878 - Niza, 1927) Bailarina norteamericana. Hija de un matrimonio desunido y finalmente divorciado, su instinto la inclinó hacia el baile desde niña. En su autobiografía, titulada Mi vida, escribió: "Nací a la orilla del mar. Mi primera idea del movimiento y de la danza me ha venido seguramente del ritmo de las olas..." A los diez años abandonó la escuela para dedicarse a su pasión y a los diecisiete se dirigió a Nueva York, donde se incorporó a la compañía de Agustin Daly.
Al actor y empresario no acabaron de convencerlo los experimentos e innovaciones que Isadora le proponía continuamente, deseosa de llevar a la práctica un nuevo método de interpretar plásticamente poemas por medio de la improvisación, que había concebido ya por aquel entonces. Sintiéndose infeliz, la Duncan abandonó la compañía dos años más tarde y partió con su familia hacia Inglaterra, donde se proponía estudiar los movimientos de la danza antigua en los jarrones griegos del Museo Británico. Fue una época de formación, de lecturas entusiastas y de ensayo de nuevas danzas; en busca, sobre todo, de nuevos cauces para la expresión coreográfica y de sendas alternativas para profundizar cada día más en su arte.
Los éxitos comenzaron a llegar de forma inmediata. Con un estilo basado en la danza de la Antigua Grecia, dio una serie de recitales en Londres que despertaron el entusiasmo hacia su persona. La prensa declaraba: "En esta época actual de elaboración y artificialidad, el arte de la señorita Duncan es como un soplo de aire puro procedente de la parte más alta de una montaña poblada de pinos, refrescante como el ozono, bello y verdadero como el cielo azul, natural y genuino. Es una imagen de belleza, alegría y abandono, tal como debió ser cuando el mundo era joven y hombres y mujeres bailaban al sol movidos por la simple felicidad de existir."
Efectivamente, Isadora Duncan afirmaba que el baile debía ser una prolongación de los movimientos naturales del cuerpo, que ella consideraba hermosos y bastante más bellos que los que efectuaban los bailarines clásicos, a los que tildaba de forzados y antinaturales; por ello, se negaba a constreñir los pies en las zapatillas de baile. Sentía una admiración estética por la belleza del cuerpo humano, influida por los cánones de las estatuas y pinturas de la Grecia clásica. Su método coreográfico era una especie de filosofía basada en el convencimiento de que el baile ponía al individuo en comunicación armónica con el ritmo intrínseco de la naturaleza y los cuerpos celestes.
A partir de ese momento, Isadora no dejó de viajar, reclamada por los mejores teatros de Europa. En París se imbuyó del espíritu de Rodin y de Bourdelle. Más tarde descubrió Italia y el Renacimiento, y se embelesó con el leve y sutil Botticelli, cuya influencia en su arte es palmaria a partir de aquellos años. Por fin, en 1902, realizó uno de sus sueños: viajar a Grecia y peregrinar a las fuentes del arte de Occidente. Cerca de Atenas, en la colina de Kopanos, comenzó a construir un templo consagrado a la danza, pero los ingresos percibidos por sus giras se revelaron insuficientes para cubrir los gastos y la empresa hubo de abandonarse.
Con motivo de su primer viaje a San Petersburgo, en 1905, la ya entonces famosa Isadora fue invitada por la no menos célebre bailarina rusa Anna Pavlova a visitar su estudio. Allí tuvo el privilegio de contemplar a la gran diva realizando sus ejercicios. La propia Isadora lo relata en sus memorias: "Encontré a Pavlova de pie con su vestido de tul practicando en la barra, sometiéndose a la gimnasia más rigurosa, mientras que un viejo caballero con un violín marcaba el tiempo y la exhortaba a realizar mayores esfuerzos; era el legendario maestro Petipa. Me senté y durante tres horas observé tensa y perpleja los sorprendentes ejercicios de Pavlova, que parecía ser de acero elástico. Su hermoso rostro adoptó las líneas severas del mártir. No paró ni un solo instante. Todo su entrenamiento parecía estar destinado a separar por completo la mente de los movimientos gimnásticos del cuerpo. La mente debía alejarse de esa rigurosa disciplina muscular. Esto era justamente todo lo contrario de las teorías sobre las que yo había fundado mi escuela un año antes. Lo que yo pretendía es que mente y espíritu fuesen los motores del cuerpo y lo elevasen sin esfuerzo aparente hacia la luz."
No debe sorprender este completo desacuerdo con las más antiguas normas del ballet por parte de quien concebía la danza como un sacerdocio, como una forma sublime de emoción espiritual y como una liturgia en la que alma y cuerpo debían ser arrastrados por la música para transformarse en puro arte.
Para Isadora, era el amor a la naturaleza y a la vida lo que había de transmitirse a través del movimiento, siguiendo el ejemplo de las nubes, el mar o las copas de los árboles mecidas por el viento. Enemiga del ballet, al que consideraba un género falso y absurdo, manifestó que la danza debe establecer una armonía calurosa entre los seres y la vida y no ser tan sólo una diversión agradable y frívola. Danzaba descalza, con una simple túnica griega de seda transparente sobre su cuerpo desnudo, como una sacerdotisa pagana transportada por el ritmo. Hoy es considerada la iniciadora de la modern dance norteamericana y su figura es evocada con fervor en todos los escenarios del mundo.
Durante esos años, las más importantes ciudades europeas pudieron extasiarse ante la nueva estrella, a la que llamaron "la ninfa". En todos lados tuvo amigos pintores, poetas e intelectuales y estuvo rodeada de admiradores que deseaban conocerla. Apasionada, bellísima y maravillosa, ejercía un poder de seducción irresistible entre cuantos la rodeaban. Se comenzó a asociar muchos nombres masculinos con el de Isadora, y pronto nacería la leyenda de un maleficio que parecía emanar de su persona y abatirse sobre todos los seres a los que entregaba su amor, un maleficio que acabaría de forma terrible con su propia vida.
La primera "víctima" fue el polaco Iván Miroski, consumido por unas fiebres malignas poco después de separarse de Isadora. Luego, extraños percances y desapariciones salpicaron sus relaciones con sus amantes, fuesen ocasionales o duraderos. En 1913, la oscura influencia se cebó en sus propios hijos, Deirdre y Patrick, cuando Isadora estaba triunfando en París.
Un día, agobiada por los ensayos, confió los niños a la institutriz para que los llevara en automóvil a Versalles. Ella misma relata que quizás tuvo un presagio del drama: "Al dejarlos en el coche, mi Deirdre colocó los labios contra los cristales de la ventanilla; yo me incliné y besé el vidrio en el sitio mismo donde ella tenía puesta la boca. Entonces, el frío del cristal me produjo una rara impresión e hizo que me recorriese un estremecimiento". Minutos después, el auto bordeaba el Sena y, al girar para cruzar uno de sus puentes, los frenos no respondieron a la voluntad del chófer.
El coche se precipitó en las oscuras aguas y los dos niños perecieron ahogados. Isadora declaró: "Si esta desgracia hubiera ocurrido antes, yo hubiese podido vencerla; si más tarde, no habría sido tan terrible, pero en aquel momento, en plena madurez de mi vida, me aniquiló". En efecto, la bailarina anuló todos sus compromisos y decidió interrumpir su carrera, dedicándose por entero a la enseñanza y tratando de olvidar su desgracia sumergiéndose en un trabajo agotador.
Varias veces pensó en quitarse la vida, pero siempre la disuadió la idea de que otros niños, empezando por los alumnos de la escuela que había creado en 1904, estaban necesitados de ella. Comenzó a participar en campañas benéficas y trató de llevar sus enseñanzas a diferentes países, lo que la condujo hasta Moscú en 1921, después de que el gobierno soviético mostrase su interés por recibirla.
Con el inicio de nuevas peregrinaciones volvieron los romances. En la Unión Soviética conoció a Sergei Esenin, poeta y cantor oficial de la Revolución de 1917, y se entusiasmó con el ambiente pletórico de ilusiones que se respiraba en el país y que Sergei encarnaba a la perfección. Esenin se enamoró locamente de Isadora y consiguió que ésta renunciara a su propósito, repetidamente afirmado, de no contraer matrimonio.
Pero su unión resultó catastrófica. Después de viajar por Europa y Estados Unidos, Sergei se hundió en una profunda apatía originada por una fase de infecundidad creativa que achacaba al hecho de vivir lejos de su patria. Lo cierto es que cuando el matrimonio regresó a Moscú, el poeta continuó en el mismo estado y se sumergió de forma imparable en la misantropía y el alcoholismo.
Medio loco, su comportamiento empezó a ser escandaloso hasta para la propia Isadora. Esenin acostumbraba a desaparecer dejando tras de sí un rastro de botellas vacías y muebles rotos. La paciencia de "la ninfa" llegó al límite. A finales de 1924, Isadora, ya divorciada, abandonó la Unión Soviética. Un año más tarde supo, por la noticia publicada en los periódicos, que su ex marido se había quitado la vida.
La aventura rusa de la Duncan no sólo terminó en fracaso desde el punto de vista sentimental. Si bien al principio se había compenetrado a la perfección con sus interlocutores, entusiasmados con la idea de poner en marcha su Escuela de Danza Futura, más tarde esta iniciativa no fue bien acogida por ciertos dirigentes soviéticos que ya empezaban a mostrar los síntomas del anquilosamiento burocrático que luego sería proverbial en el sistema comunista.
De regreso a Europa, tampoco los empresarios capitalistas parecieron entusiasmarse con sus proyectos. Además, sus opiniones ateas, su actitud favorable hacia la Revolución Rusa y su evidente aceptación del amor libre no eran cualidades que la opinión pública occidental, a la defensiva después de la eclosión comunista, valorase positivamente.
Isadora decidió volver a los escenarios y ofreció una serie de recitales que resultaron un fracaso; el público fidelísimo que hasta la muerte de sus hijos la había llevado en volandas comenzó a fallarle; las salas la recibieron semivacías, silenciosas y heladas. Isadora se refugió en Niza, donde terminó su autobiografía y preparó El arte de la danza, libro en el que pretendía ofrecer una síntesis de sus enseñanzas.
Se encontraba absorbida por esta tarea cuando, el miércoles l4 de septiembre de 1927, decidió tomarse un respiro y dar un paseo en su Bugatti. El dramático accidente tuvo lugar cuando el automóvil recorría veloz la Promenade des Anglais: su largo chal rojo, el mismo que había agitado ante la multitud que la esperaba a su regreso de la Unión Soviética, se enredó en los radios de una de las ruedas posteriores del automóvil; Isadora no pudo liberarse del abrazo homicida y murió estrangulada. Ni siquiera ella hubiera podido imaginar un final más acorde con su existencia extravagante y romántica.
14 DE SEPTIEMBRE DE 1927 MUERE
HUGO BALL

Escritor alemán, nacido en Pirmasens en 1886 y muerto en Sant' Abbondio en 1927. De familia católica, Hugo Ball estudió Literatura Alemana, Historia y Filosofía en Múnich y Heidelberg. Entre 1909 y 1910 escribió su tesis doctoral Nietzsche in Basel. Eine Streitschrift (Nietzsche en Basilea. Un escrito polémico), pero no llegó a presentarla. Durante los años siguientes trabajó como director escénico en Dresde y Múnich. El estrecho contacto que mantuvo con el arte, y sobre todo con el teatro vanguardista, hizo que en 1913 se trasladara a Berlín, centro por entonces del Expresionismo literario. En 1915 emigró a Suiza con la que más tarde sería su esposa, la actriz Emmy Hennings.
En Zúrich fue cofundador del círculo de artistas Cabaret Voltaire, y se convirtió junto a Hans Arp y Tristan Tzara en uno de los principales representantes del Dadaísmo. Desde 1917 hasta su clausura en 1920 fue redactor del periódico bernés Die Freie Zeitung. A partir de entonces vivió, no sin dificultades económicas, en el Tesino y en Italia.
En el verano de 1920 se reconoció públicamente como católico. Su radical crítica a la tradición protestante en las letras alemanas fue la causa de que sufriera fuertes ataques y que tras su muerte no se le concediera ninguna importancia a su obra. Su variada producción, que contiene poemas, novelas (Flametti oder vom Dandysmus der Armen, Flametti o acerca del dandismo de los pobres, 1918; Tenderenda oder der Phantast, Tenderenda o el soñador, publicada póstumamente en 1967), una biografía (Hermann Hesse, 1927), ensayo (Zur Kritik der deutschen Intelligenz, Crítica de la inteligencia alemana, 1919) y notas autobiográficas (Die Flucht aus der Zeit, La huida del tiempo, 1927), además de los ensayos titulados Byzantinisches Christentum (Cristianismo bizantino, 1923) y escritos tras su regreso a la doctrina católica, muestran a un autor complejo que osciló continuamente entre el reconocimiento y la crítica a su propia tradición cultural.
14 DE SEPTIEMBRE DE 1920 NACE
MARIO BENEDETTI
(Paso de los Toros, 1920 - Montevideo, 2009) Escritor uruguayo. Mario Benedetti fue un destacado poeta, novelista, dramaturgo, cuentista y crítico, y, junto con Juan Carlos Onetti, la figura más relevante de la literatura uruguaya de la segunda mitad del siglo XX y uno de los grandes nombres del Boom de la literatura hispanoamericana. Cultivador de todos los géneros, su obra es tan prolífica como popular; novelas suyas como La tregua (1960) o Gracias por el fuego (1965) fueron adaptadas para la gran pantalla, y diversos cantantes contribuyeron a difundir su poesía musicando sus versos.
Mario Benedetti trabajó en múltiples oficios antes de 1945, año en que inició su actividad de periodista en La Mañana, El Diario, Tribuna Popular y el semanario Marcha, entre otros. En la obra de Mario Benedetti pueden diferenciarse al menos dos periodos marcados por sus circunstancias vitales, así como por los cambios sociales y políticos de Uruguay y el resto de América Latina. En el primero, Benedetti desarrolló una literatura realista de escasa experimentación formal, sobre el tema de la burocracia pública, a la cual él mismo pertenecía, y el espíritu pequeño-burgués que la anima.
El gran éxito de sus libros poéticos y narrativos, desde los versos de Poemas de la oficina (1956) hasta los cuentos sobre la vida funcionarial de Montevideanos (1959), se debió al reconocimiento de los lectores en el retrato social y en la crítica, en gran medida de índole ética, que el escritor formulaba. Esta actitud tuvo como resultado un ensayo ácido y polémico: El país de la cola de paja (1960), y su consolidación literaria en dos novelas importantes: La tregua (1960), historia amorosa de fin trágico entre dos oficinistas, y Gracias por el fuego (1965), que constituye una crítica más amplia de la sociedad nacional, con la denuncia de la corrupción del periodismo como aparato de poder.
En el segundo periodo de este autor, sus obras se hicieron eco de la angustia y la esperanza de amplios sectores sociales por encontrar salidas socialistas a una América Latina subyugada por represiones militares. Durante más de diez años, Mario Benedetti vivió en Cuba, Perú y España como consecuencia de esta represión. Su literatura se hizo formalmente más audaz. Escribió una novela en verso, El cumpleaños de Juan Ángel (1971), así como cuentos fantásticos como los de La muerte y otras sorpresas (1968). Trató el tema del exilio en la novela Primavera con una esquina rota (1982) y se basó en su infancia y juventud para la novela autobiográfica La borra del café (1993).
En su obra poética se vieron igualmente reflejadas las circunstancias políticas y vivenciales del exilio uruguayo y el regreso a casa: La casa y el ladrillo (1977), Vientos del exilio (1982), Geografías (1984) y Las soledades de Babel (1991). En teatro, Mario Benedetti denunció la institución de la tortura con Pedro y el capitán (1979), y en el ensayo comentó diversos aspectos de la literatura contemporánea en libros como Crítica cómplice (1988). Reflexionó sobre problemas culturales y políticos en El desexilio y otras conjeturas (1984), obra que recoge su labor periodística desplegada en Madrid.
También en esos años recopiló sus numerosos relatos breves, reordenándolos, en la colección Cuentos completos (1986), que sería ampliada en 1994. Junto a la solidez de su estructura literaria, debe destacarse como rasgo esencial de los relatos de Benedetti la presencia de un elemento impalpable, no formulado explícitamente, pero que adquiere en sus textos el carácter de una potente irradiación de ondas telúricas que recorre a los protagonistas de sus historias, para ser transmitida por ellos mismos (casi sin intervención del autor, podría decirse) directamente al lector. La predilección por este género y la pericia que mostró en él emparenta a Mario Benedetti con los grandes autores del Boom de la literatura hispanoamericana, y especialmente con los maestros del relato corto: Jorge Luis Borges y Julio Cortázar.
En 1997 publicó la novela Andamios, de marcado signo autobiográfico, en la que da cuenta de las impresiones que siente un escritor uruguayo cuando, tras muchos años de exilio, regresa a su país. En 1998 regresó a la poesía con La vida, ese paréntesis, y en el mes de mayo del año siguiente obtuvo el VIII Premio de Poesía Iberoamericana Reina Sofía. En 1999 publicó el séptimo de sus libros de relatos, Buzón de tiempo, integrado por treinta textos. Ese mismo año vio la luz su Rincón de haikus, clara muestra de su dominio de este género poético japonés de signo minimalista, tras entrar en contacto con él años atrás gracias a Cortázar.
En marzo de 2001 recibió el Premio Iberoamericano José Martí en reconocimiento a toda su obra; ese mismo año publicó El mundo en que respiro (poemas) y dos años más tarde presentó un nuevo libro de relatos: El porvenir de mi pasado (2003). Al año siguiente publicó Memoria y esperanza, una recopilación de poemas, reflexiones y fotografías que resumen las cavilaciones del autor sobre la juventud. También en 2004 se publicó en Argentina el libro de poemas Defensa propia.
Ese mismo año fue investido doctor honoris causa por la Universidad de la República del Uruguay; durante la ceremonia de investidura recibió un calurosísimo homenaje de sus compatriotas. En 2005 fue galardonado con el Premio Internacional Menéndez Pelayo. Sus últimos trabajos fueron los poemarios Canciones del que no canta (2006) y Testigo de uno mismo (2008), el ensayo Vivir adrede (2007) y el drama El viaje de salida (2008).

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