6 DE AGOSTO DE 1945 EE.UU. LANZA UNA BOMBA ATOMICA
SOBRE HIRISHIMA
Hibakusha (被爆者) es una palabra que muchos conocen en Japón, y
que sin duda fuera del país del sol naciente se desconoce por,
probablemente, poco interés en que dicho calificativo se comprendiese en
otras partes del mundo. Una de las peores consecuencias de las decenas
de guerras que el hombre ha organizado durante toda su historia, fueron
los lanzamientos en terreno urbano de armas nucleares. Japón,
lamentablemente, es el único país del mundo que ha sufrido las
consecuencias de una bomba nuclear explosionada en terreno habitado por
miles de personas, y además lo ha sufrido por partida doble.
El presidente de Estados Unidos en 1945, Truman, ordenó finalizar la guerra contra el Imperio de Japón demostrando la superioridad americana y, para ello, permitió los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki. Entre el 6 de agosto y el 9 de agosto de 1945 las bombas mataron o condenaron a muerte a unas 246.000 personas. Muchas murieron en el bombardeo, otras tardaron tiempo en morir de sus heridas o por los efectos de la radiación. Sin embargo, otros lograron sobrevivir a las bombas nucleares durante muchos años, aunque la mayoría quedaron marcados por las abrasiones producidas por la radiación, mostrando grandes cicatrices en el cuerpo. Estos sobrevivientes son los llamados Hibakusha, que podríamos traducir como “persona bombardeada” (hibaku – bomba y sha – persona).
Lamentablemente, la historia de los Hibakusha no termina aquí.
Esta palabra, con el que se designa a los supervivientes de los
bombardeos nucleares, ha sido para muchas personas un peso aún mayor en
sus vidas. El sentido común indicaría que estas personas, la mayoría con
lesiones físicas o psicológicas, debían ser cuidadas y amparadas por la
sociedad. Sin embargo, durante un tiempo en Japón ser Hibakusha significaba obtener el rechazo de gran parte de la sociedad.
Se estima que el número de hibakushas podría haber rondado los 360.000,
de los cuales la mayoría tenía secuelas evidentes o cánceres
procedentes de la radiación. Entre los Hibakusha no sólo se cuentan las
víctimas directas, sino también los hijos de dichas personas que padezcan algún tipo de problema físico relacionado con la radiación.
Al
dolor físico y psicológico se le añadió un rechazo social, provocado
por el desconocimiento. En dicho momento, pocos años después de
finalizar la guerra, habían un gran temor a las armas nucleares y a la
radiación. El mundo había visto, a grandes rasgos, lo que podía hacer la
radiación, y eso que muchos de sus efectos a largo plazo eran
desconocidos en aquellos tiempos. Los amigos, familiares y vecinos de
los Hibakusha rechazaron a estos supervivientes, pensando que quizás la
radiación o las enfermedades provocadas por la misma podrían
contagiarse a otras personas. El rechazo fue tan generalizado que
muchos supervivientes tuvieron grandes problemas, no solo sociales,
también económicos, pues no conseguían empleo de forma fácil.
Por este motivo, muchas victimas de los bombardeos guardaban
el secreto y no se lo contaban a nadie, si sus heridas no los delataban
de forma sencilla. De esta forma, y aunque el gobierno destinó ayudas a
los Hibakusha, el miedo a ser rechazados por sus vecinos provocó que
muchos supervivientes o damnificados por la radiación no cobrasen sus
respectivas ayudas. Este rechazo duró muchos años y, aunque en los
tiempos modernos nuestro conocimiento sobre la radiación y las
enfermedades mejoró mucho, hasta hace muy poco muchas personas aún
seguían teniendo cierto reparo de los Hibakusha.
Algunos de los supervivientes formaron en 1956 el grupo Nihon Hidankyō (日本被団協).
Se trata de una organización de hibakushas que, desde dicho año,
presiona al gobierno japonés y a otras naciones para que ayuden a los
supervivientes de las bombas nucleares y trabajen para la abolición de
las bombas nucleares y las bombas termonucleares.
(Buenos Aires, 1900 - 1942) Escritor y periodista
argentino, una de las figuras más singulares de la literatura
rioplatense. Autodidacta, lector de Nietzsche y de la gran narrativa rusa (Dostoievski, Gorki)
y vinculado a principios de la década del veinte con el progresista y
didáctico Grupo de Boedo, se le considera el introductor de la novela
moderna en su país, aunque su reconocimiento no le llegó hasta los años
cincuenta.
El Grupo de Boedo tomó su nombre de una calle de
los suburbios proletarios de Buenos Aires. En oposición a las
tendencias estéticas más formales del Grupo de la Florida, en el cual
desempeñaron un papel determinante primero Ricardo Güiraldes y después Jorge Luis Borges,
el Grupo de Boedo constituía una corriente literaria comprometida en la
crítica de la sociedad, siendo decisiva para su concepción artística la
influencia de Dostoievski, tanto en la elección de los temas como en la
visión del mundo, sobre todo en la concepción del destino del hombre.
Biografía
Roberto Arlt se crió en una humilde familia de
inmigrantes: su padre era alemán y su madre, una triestina imaginativa y
sensible, le recitaba versos de Dante y de Torquato Tasso.
Abandonó su hogar cuando era un adolescente a causa de disputas con su
padre. Cursó estudios elementales, pero frecuentó las bibliotecas de
barrio, donde se inició desordenadamente en la lectura de Rudyard Kipling, Emilio Salgari, Julio Verne, R. L. Stevenson y Joseph Conrad,
entre otros, a la vez que desempeñaba diversos oficios: dependiente de
librería, aprendiz de hojalatero, mecánico y vendedor de artículos
varios.
Ya casado se trasladó a Córdoba, pero el fracaso en su
intento de mejorar la situación económica le obligó a regresar con su
familia a Buenos Aires: traía consigo el manuscrito de El juguete rabioso. En la capital trabajó como periodista e inventor. En la Revista Popular publicó su primer cuento, Jehová, al que le siguió un ensayo, Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires.
Luego colaboró en Patria, periódico nacionalista de derechas, pero dos
años después pasó a publicaciones de signo opuesto como Extrema
Izquierda y Última Hora. Tras varios intentos logró publicar en la
revista Proa dos capítulos de su novela El juguete rabioso (1926), que llegaría a considerarse un hito en la literatura argentina.
El periodismo fue, para Arlt, el medio principal
de subsistencia. En 1927 ya era cronista policial en Crítica y un año
después pasó a ser redactor del diario El Mundo. Allí aparecieron sus
cuentos El jorobadito y Pequeños propietarios. Su columna Aguafuertes porteñas
(1933), en la que arrojaba una mirada incisiva sobre la ciudad y sus
habitantes, le dio gran popularidad: eran textos llenos de ironía y
mordacidad, retratos de tipos y caracteres propios de la sociedad
porteña. Dio a conocer artículos, cuentos y adelantos de novelas desde
las páginas de las revistas Claridad, El Hogar, Azul y Bandera Roja.
Resultado de su labor como corresponsal en Europa y África son Aguafuertes españolas (1936) y El criador de gorilas (1941), cuentos de tema "oriental".
Para muchos su obra más acabada es Los siete locos
(1929), una inquietante novela sobre la impotencia del hombre frente a
la sociedad que lo oprime y lo condena a traicionar sus ideales. La
novelística de Arlt incluye también Los lanzallamas (1931) y El amor brujo (1932). La colección de cuentos El jorobadito (1933) reitera la temática de sus novelas: la angustia, la humillación y la hipocresía de la sociedad burguesa.
Arlt protagonizó un intento de renovación del teatro argentino a través de Trescientos millones (1932), a la que siguieron otras siete piezas dramáticas, Piedra de fuego (1932), Saverio el cruel, El fabricante de fantasmas (1936), La isla desierta (1937), África (1938), La fiesta del hierro (1940) y El desierto entra a la ciudad (1941), presentadas casi todas en el Teatro del Pueblo que dirigía Leónidas Barletta.
Aunque conoció el éxito y fue leído masivamente,
los sectores académicos criticaban sus incorrecciones sintácticas. A
finales de los años cincuenta su obra comenzó a ser reivindicada como
uno de los mayores logros de la literatura argentina. El estilo
arltliano se caracteriza por frases cortadas o desestructuradas y por la
incorporación de jergas y barbarismos. Su obra refleja la frustración
de las clases populares urbanas durante la crisis que culminó en 1930:
sus personajes son a menudo marginados que atraviesan situaciones
límite; el mundo cotidiano de la gran ciudad aparece vinculado con un
universo enrarecido, sórdido y hasta fantástico.
La obra narrativa de Roberto Arlt
A Arlt nunca le interesó mantenerse dentro del
"buen gusto", ni se privó de utilizar ninguna herramienta al alcance de
su escritura que fuera eficaz para retratar la realidad de un modo
descarnado; por ello algunos de sus libros causaron revuelo y escándalo.
La "desprolijidad" de su escritura, los "errores ortográficos" que se
le imputaban, quedan reducidos a meros detalles anecdóticos a la hora de
evaluar una obra que ocupa un lugar esencial dentro de la literatura
argentina del siglo XX, justamente por la fuerza de un estilo y de unos
argumentos ajenos a toda voluntad estetizante, característicos de otras
corrientes dominantes en la literatura nacional. En el prólogo a Los lanzallamas
(que suele ser considerado como una manifestación esencial y definitiva
de sus ideas en torno a la labor literaria), Roberto Arlt defiende su
papel de creador frente al establishment, al tiempo que critica con dureza el sistema de reconocimiento y promoción cultural de la época.
La obra de Arlt ha sido vista como un espacio de
confluencia de los discursos más significativos de su tiempo: desde las
utopías socialistas y anarquistas de las primeras décadas del siglo XX a
la subsiguiente irrupción de los proyectos totalitarios (especialmente,
el nazismo y el fascismo), así como un amplio repertorio de saberes vinculados a las ciencias ocultas. En su novela Los siete locos,
este último aspecto se evidencia con mayor contundencia, a través de
los sueños y las fantasías que encarnan en sus personajes y que se
vinculan con toda una iconografía ocultista.
En la casi totalidad de sus obras, el autor
presenta unos personajes (las más de las veces desclasados, marginales,
humillados) que se enfrentan, en notoria situación de desventaja, con
las perversas leyes de la sociedad burguesa. El robo, la traición o la
decepción constituyen las preocupaciones temáticas en torno a las cuales
gira el destino de los personajes de Arlt. Arlt retrató con exasperado
realismo a la pequeña burguesía porteña, a emigrantes sin raíces y seres
que bordeaban la marginación. Su primera novela, El juguete rabioso
(1926), con abundantes elementos de inspiración autobiográfica, relata
la difícil iniciación en la vida de Silvio Astier, un adolescente
soñador de origen humilde cuyos fracasos le impulsan a una afirmación
por la rebeldía y la delincuencia.
A esta obra siguió el díptico narrativo formado por Los siete locos (1929) y Los lanzallamas
(1931). Si en su primera novela se daba todavía algo parecido a una
estructura y la escritura se sometía a ciertas convenciones literarias,
en estas dos nuevas novelas el autor actúa con total libertad (en
ocasiones, por ejemplo, no se sabe quién narra) y logra dar el adecuado
tono de pesadilla que conviene a su asunto. Un antihéroe, Erdosain,
acusado de desfalco y abandonado por su esposa, se asocia con el
Astrólogo, insólito personaje que controla el inframundo social y que
urde una conspiración para terminar con la sociedad capitalista y salvar
a la humanidad. El reto a la sociedad fracasa y, atrapados en la
falacia de una revolución irrealizable, los personajes quedan perdidos
en su soledad y mueren o desaparecen.
El teatro
Arlt renovó con originalidad el teatro en su país. Se inició en la escena en 1932 con Trescientos millones, "obra en un prólogo y tres actos", a la que le seguirían otras siete piezas dramáticas. Trescientos millones
trata de una criada, seducida por el hijo de la casa, cuya triste
existencia es sólo soportable gracias a los personajes del folletín y de
cuentos de hadas que pueblan su mente. La mezcla de imaginación y
realidad se percibe también en El fabricante de fantasmas (1936),
sobre un dramaturgo que asesina a su esposa y reproduce el crimen en
sus obras hasta ejecutar al fin la sentencia en sí mismo. En Saverio el Cruel (1936), la fantasía degenera en locura y muerte porque los personajes no logran hacer coincidir sus respectivas ensoñaciones.
El conjunto de la obra dramática de Arlt se
caracteriza por su esencia fantástica y farsesca, aunque con desenlaces
trágicos. Por otra parte, y al igual que en su narrativa, es siempre
visible un trasfondo de crítica social. Sus personajes encarnan la
proyección de deseos, vivencias, frustraciones, escrúpulos de conciencia
o remordimientos, dentro de una estética que aproxima a las obras
teatrales de Arlt a tendencias tales como el "teatro dentro del teatro",
el "teatro del espejo" y el teatro grotesco.
Si en su narrativa la angustia aparece como
motivación recurrente, en el teatro de Arlt el equivalente sería el
"soñar despierto". Pero estos sueños se enfrentan con la dura realidad y
se desvanecen bruscamente. De ahí que uno de los soportes que más
predomina en su propuesta teatral sea el del imprevisto, que irrumpe en
mitad del sueño reinstalando violentamente al personaje en la realidad.
Estas obras, escritas durante los diez últimos años de la vida de su
autor, fueron estrenadas en algunos casos de manera póstuma y muy
representadas durante las décadas siguientes.
G
M
T
Y
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Guitarrista y compositor, payador de renombre, es considerado el primer cantor de tango propiamente dicho. De inspiración fácil escribió bellas y sentidas canciones, como "Pobre mi madre querida", "Como quiere la madre a sus hijos", "Tu diagnóstico", "Puntana", "¡Adiós que me voy llorando!". Fue autor además de los volúmenes de versos "Ideal de mi esperanza", "Lo de ayer y lo de hoy" y "De mi cosecha". Conocido también como "El cantor de las madres". Murió el 21 de abril 1915
lunes, 22 de julio de 2019
22
DE JULIO DE 1820
SAN
MARTÍN SE REHÚSA A REPRIMIR A SUS COMPATRIOTAS
Pocos
días después de Maipú, San Martín volvió a cruzar la cordillera
rumbo a Buenos Aires para solicitar ayuda al gobierno del Directorio
para la última etapa de su campaña libertadora: el ataque marítimo
contra el bastión realista de Lima. Obtiene la promesa de una ayuda
de 500.000 pesos para su plan limeño de los que sólo llegarán
efectivamente 300.000. San Martín regresó a Chile, donde obtuvo la
ayuda financiera del gobierno y armó una escuadra que quedará al
mando del marino escocés Lord Cochrane.Mientras tanto, en Buenos
Aires las cosas se complican. Pueyrredón propicia la invasión
portuguesa de la Banda Oriental para combatir a Artigas y le ordena a
San Martín que baje con su ejército y encabece la represión de los
orientales. San Martín se niega y le aclara que“el
general San Martín jamás desenvainará su espada para derramar
sangre de hermanos”.El 20 de agosto de 1820 partió
desde el puerto chileno de Valparaíso la expedición libertadora. La
escuadra estaba formada por 24 buques y conducía a unos 4.800
soldados. El 12 de septiembre la flota fondeó frente al puerto
peruano de Pisco. Una división al mando del General Arenales se
dirigió hacia el interior del Perú con el objetivo de sublevar a la
población y obtuvo la importante victoria de Pasco el 6 de diciembre
de 1820. Por su parte San Martín ordenó bloquear el puerto de Lima.
Así, el virrey De la Serna se vio acosado por todos los flancos y
debió rendirse el 10 de julio de 1821. Ese día entró victorioso el
general San Martín a la capital virreinal.
22 DE JULIO DE 1990 MUERE
MANUEL PUIG (General Villegas, 1932 - Cuernavaca, 1990) Novelista argentino que a través de su afición por el cine y el uso paródico del habla coloquial creó una singular literatura. Fascinado por el séptimo arte, se vinculó en Buenos Aires a las vanguardias artísticas; marchó a Italia a estudiar cine y luego a Nueva York, donde amplió su conocimiento de sus estrellas preferidas, Greta Garbo, Marlene Dietrich y Rita Hayworth. Su infancia transcurrió en el aislamiento de la pampa bonaerense. En 1951, una beca le permitió estudiar en Roma cinematografía (asistió a unos cursos de C. Zavattini) y trabajó luego en varios films como ayudante de dirección. La influencia del cine sobre su narrativa no es sólo de orden técnico sino también social y ambiguamente temático, configurando su mensaje, pues, al igual que el serial radiofónico, sirve al autor como marco y modelo que encuadran sentimentalmente la cursilería de la pequeña clase media. Dos rasgos merecen añadirse: el original enfoque del autor, que es implacablemente objetivo y de un humor ambiguo, y su predilección por personajes femeninos. La propia actriz consintió en que utilizase su nombre en la novela La traición de Rita Hayworth (1968), que relata la iniciación amorosa de un adolescente a través de escenas de comedia rosa de Hollywood. Se trata de una evocación de su infancia pueblerina que resultó finalista en España del premio Biblioteca Breve. El periódico francés Le Monde la proclamó una de las mejores novelas del bienio 1968-1969. La estructura de la obra se basa en la superposición de distintos recursos que ponen de manifiesto las fantasías y alienaciones de los personajes. Puig regresó a Buenos Aires, donde publicó Boquitas pintadas (1969), de la que afirmó era un folletín con el cual, sin renunciar a los experimentos estilísticos iniciados en su primera novela, intentaba una nueva forma de literatura popular; esta obra resultó, igualmente, un éxito de público, pero dividió la opinión de los críticos. Su tercera novela, The Buenos Aires Affair (1973) encuentra su marco apropiado en el género policial pero, a su vez, cada capítulo se halla precedido por una cita cinematográfica. Fue secuestrada en Argentina y obligó a Puig a exiliarse, primero en Brasil y después en México. En El beso de la mujer araña, que fue llevada al cine y adaptada al teatro, abordó los temas del compromiso político y la homosexualidad. La obra transcurre en la cárcel, donde un homosexual refiere casi sin cesar a un preso político argumentos de películas clásicas con cuyas heroínas se identifica plenamente. A continuación publicó Pubis angelical (1979), que relata dos historias paralelas: una imaginaria, situada en los años treinta primero en Europa y luego en Hollywood, y real la segunda, protagonizada por una mujer enferma en una clínica. Le siguieron Maldición eterna a quien lea estas páginas (1980), Sangre de amor correspondido (1982) y Cae la noche tropical (1988), una pieza teatral (Bajo un manto de estrellas, 1983) y dos guiones cinematográficos, La cara del villano y Recuerdo de Tijuana (ambos de 1985). Murió por falta de atención médica adecuada y dejó inconclusa su novela Humedad relativa: 95%. Su obra es uno de los experimentos mejor logrados de acercar la cultura popular a la literatura.
domingo, 21 de julio de 2019
21 DE JULIO DE 1899 NACE :
ERNEST MILLER HEMINGWAY
(Ernest Miller Hemingway; Oak Park, 1899 -
Ketchum, 1961) Narrador estadounidense cuya obra, considerada ya clásica
en la literatura del siglo XX, ha ejercido una notable influencia tanto
por la sobriedad de su estilo como por los elementos trágicos y el
retrato de la época que representa. Recibió el premio Nobel en 1954.
Ya se había iniciado en el periodismo cuando se alistó como voluntario en la Primera Guerra Mundial,
como conductor de ambulancias, hasta que fue herido de gravedad. De
vuelta a Estados Unidos retomó el periodismo hasta que se trasladó a
París, donde alternó con las vanguardias y conoció a Ezra Pound, Pablo Picasso, James Joyce y Gertrude Stein, entre otros. Participó en la Guerra Civil Española y en la Segunda Guerra Mundial como corresponsal, experiencias que luego incorporaría a sus relatos y novelas.
El propio Hemingway declaró que su labor como
periodista lo había influido incluso estéticamente, pues lo obligó a
escribir frases directas, cortas y duras, excluyendo todo lo que no
fuera significativo. Su producción periodística, por otra parte, también
influyó en el reportaje y las crónicas de los corresponsales futuros.
Entre sus primeros libros se encuentran Tres relatos y diez poemas (1923), En nuestro tiempo (1924) y Hombres sin mujeres
(1927), que incluye el antológico cuento "Los asesinos". Ya en este
cuento es visible el estilo de narrar que lo haría famoso y maestro de
varias generaciones. El relato se sustenta en diálogos cortos que van
creando un suspense invisible, como si lo que sucediera estuviera oculto
o velado por la realidad. El autor explicaba su técnica con el modelo
del témpano de hielo, que oculta la mayor parte de su materia bajo el
agua, dejando visible sólo una pequeña parte a la luz del día.
Otros cuentos de parecida factura también son
antológicos, como "Un lugar limpio y bien iluminado", "La breve vida
feliz de Francis Macomber", "Las nieves del Kilimanjaro", "Colinas como
elefantes blancos", "Un gato bajo la lluvia" y muchos más. En algunas de
sus mejores historias hay un vago elemento simbólico sobre el que gira
el relato, como una metáfora que se desarrolla en el plano de la
realidad.
La mayor parte de su obra plantea a un héroe
enfrentado a la muerte y que cumple una suerte de código de honor; de
ahí que sean matones, toreros, boxeadores, soldados, cazadores y otros
seres sometidos a presión. Tal vez su obra debe ser comprendida como una
especie de romanticismo moderno, que aúna el sentido del honor, la
acción, el amor, el escepticismo y la nostalgia como sus vectores
principales. Sus relatos inauguran un nuevo tipo de "realismo" que,
aunque tiene sus raíces en el cuento norteamericano del siglo XIX, lo
transforma hacia una cotidianidad dura y a la vez poética, que influiría
en grandes narradores posteriores como Raymond Carver.
Uno de los personajes de Hemingway expresa: "El
hombre puede ser destruido, pero no derrotado". Y uno de sus críticos
corrobora: "Es un código que relaciona al hombre con la muerte, que le
enseña cómo morir, ya que la vida es una tragedia. Pero sus héroes no
aman mórbidamente la muerte, sino que constituyen una exaltación
solitaria de la vida, y a veces sus muertes constituyen la salvaguarda
de otras vidas". A este tipo de héroe suele contraponer Hemingway una
especie de antihéroe, como su conocido personaje Nick Adams, basado en
su propia juventud, y que hilvana buena parte de los relatos como una
línea casi novelesca.
Sus novelas tal vez sean más populares aunque menos perfectas estilísticamente que los cuentos. Sin embargo, Fiesta
(1926) puede ser considerada una excepción; en ella se cuenta la
historia de un grupo de norteamericanos y británicos, integrantes de la
llamada "generación perdida", que vagan sin rumbo fijo por España y
Francia. En 1929 publicó Adiós a las armas, historia sentimental y bélica que se desarrolla en Italia durante la guerra. En Tener y no tener (1937), condena las injusticias económicas y sociales. En 1940 publicó Por quién doblan las campanas, basada en la Guerra Civil española. Esta obra fue un éxito de ventas y se llevó a la pantalla.
En 1952 dio a conocer El viejo y el mar, que
tiene como protagonista a un modesto pescador de La Habana, donde vivió y
escribió durante muchos años enfrentado a la naturaleza. Algunos
críticos han visto en este texto la culminación de su obra, porque en él
confluyen el humanismo y la economía artística; otros, sin embargo,
opinan que éste no es el mejor Hemingway, por una cierta pretensión
didáctica. Hacia el final de una vida aventurera, cansado y enfermo, se
suicidó como lo haría alguno de sus personajes, disparándose con una
escopeta de caza. Para muchos, es uno de los escasos autores míticos de
la literatura contemporánea.
viernes, 19 de julio de 2019
19 DE JULIO DE 2007 MUERE :
ROBERTO FONTANAROSA
(Rosario, 1944 - 2007) Humorista gráfico y
escritor argentino. Conocido como Roberto "El Negro" Fontanarrosa, fue
uno de los referentes del dibujo humorístico en su país, cuna de grandes
creadores como Oski (Oscar Conti) y Quino (Joaquín Salvador Lavado), y uno de los más seguidos por los lectores de las publicaciones en las que aparecían sus chistes e historietas.
A menudo se afirma que a partir de 1973, cuando
Fontanarrosa empezó a publicar su viñeta diaria en el diario Clarín, la
gente empezó a leer el diario por detrás. Antes, Fontanarrosa había
formado parte del plantel de humoristas de una extraordinaria revista
llamada Hortensia que hizo a desternillar a medio país con su humor
cordobés, un humor fresco que en nada se parecía a un chiste de
argentinos (es decir, de porteños).
Desde entonces Fontanarrosa no paró de trabajar.
Entre su enorme producción de humorista gráfico hay dos personajes que
forman parte de la vida argentina: Inodoro Pereyra, el renegau (un
gaucho que se rebela a todo, secundado por su perrito Mendieta) y el
mercenario Boogie el aceitoso, en sus inicios una parodia del James Bond
de Ian Fleming, pero que es más bien un demente Harry el Sucio (el policía fascistoide que encarnó Clint Eastwood).
Fontanarrosa recopiló viñetas sueltas en algunos volúmenes muy difundidos, como por ejemplo ¿Quién es Fontanarrosa?, Fontanarrisa, Fontanarrosa y los médicos, Fontanarrosa y la política, Fontanarrosa y la pareja, El sexo de Fontanarrosa, El segundo sexo de Fontanarrosa, Fontanarrosa contra la cultura, El fútbol es sagrado, Fontanarrosa de Penal, Fontanarrosa es Mundial y Fontanarrosa continuará,
títulos en que es patente el amplio abanico de temas que abarcó su
agudeza humorística y su habilidad para el comentario gráfico.
Además de recopilaciones de viñetas, publicó también cómics concebidos directamente como libros, como Los clásicos según Fontanarrosa, Semblanzas deportivas y Sperman.
A ello hay que añadir los volúmenes que recogen las correrías y
desventuras del gaucho Inodoro Pereyra. Publicadas desde 1972 en
revistas de humor y, regularmente, en el periódico Clarín, las
historias de Pereyra y su perro Mendieta fueron recopiladas en más de
quince volúmenes. Una versión de dichas aventuras fue llevada al teatro
en Buenos Aires en 1998, con un enorme éxito de público y de crítica.
También las historias de Boogie el aceitoso se recogieron en doce
volúmenes.
Como literato, publicó numerosas recopilaciones de cuentos: El mundo ha vivido equivocado (1982), No sé si he sido claro (1986) o Nada del otro mundo (1987). Su dedicación al relato breve se intensificó en sus últimos años: El mayor de mis defectos (1990), Los trenes matan a los autos (1992), Uno nunca sabe (1993), La mesa de los Galanes (1995), Una lección de vida (1998), Te digo más... (2001), Usted no me lo va a creer (2003) y El rey de la milonga (2005).
Muchos de estos relatos, de innegable sabor
popular, tienen por escenario el bar El Cairo, un establecimiento real
entre cuya clientela era fácil encontrar, un día cualquiera, al Negro
Fontanarrosa. Este conjunto narrativo es una completa antología de
singularidades humanas, conductas y situaciones que van desde la parodia
delirante al trazo más fino y certero. Escribió además algunas novelas,
entre las que destacan Best Seller (una imaginativa y lúdica recreación de la peripecia de un mercenario sirio cuyo nombre da título a la obra), El área 18 y La gansada.
Aquejado de una enfermedad neurológica, en enero
de 2007 Fontanarrosa anunció a sus lectores que su dolencia le
impediría continuar dibujando con su propia mano, por lo que, a partir
de aquel momento, contaría para poner en imágenes sus ideas con la
colaboración de otros dibujantes, como Negro Crist (Cristóbal Reinoso) u
Óscar Salas. El 19 de julio de ese mismo año, Fontanarrosa falleció en
Rosario, su ciudad natal, a consecuencia de esta enfermedad.
G
M
T
Y
Text-to-speech function is limited to 200 characters
(Camagüey, 1902 - La Habana, 1989) Poeta cubano.
Por su obra ligada a las tradiciones afrocubanas, es considerado el
máximo representante de la llamada «poesía negra» centroamericana y una
de las principales figuras de la cultura de la isla. Nicolas Guillén
cursó un año de derecho en La Habana, antes de abandonar la universidad y
volver a su ciudad, donde trabajó como tipógrafo y se dedicó al
periodismo en la redacción de El Camagüeyano, en cuyas páginas inició
también su actividad literaria.
A partir de 1925 Nicolas Guillén se instaló en
la capital, donde participó activamente en la vida cultural y política
de protesta, lo que le supuso breves arrestos y períodos de exilio en
varias ocasiones. En 1937, cuando había publicado ya sus primeros tres
libros, ingresó en el Partido Comunista de Cuba, fundado por su amigo y
también poeta Rubén Martínez Villena, y participó en el célebre
Congreso por la Defensa de la Cultura, realizado en Valencia en plena
Guerra Civil española, donde conoció a Pablo Neruda, Rafael Alberti, Federico García Lorca y Octavio Paz, y su obra alcanzó difusión europea.
A su regreso a Cuba, Nicolas Guillén dirigió la
revista Mediodía y participó de los movimientos de vanguardia en las
tribunas de Gaceta del Caribe y Revista Avance. Pasó luego años de
exilio, viajando por Sudamérica, y en 1956 recibió el Premio Lenin de la
Unión Soviética. El triunfo en 1959 de la revolución liderada por Fidel Castro y el Che Guevara
le permitió regresar a la isla, donde desempeñó distintos cargos (como
la presidencia de la Unión de Escritores, desde 1961) y misiones
diplomáticas de relieve.
La obra poética de Nicolas Guillén
La actividad literaria de Nicolás Guillén se
inició en el posmodernismo, aunque pronto su producción se inscribió
dentro de la llamada línea realista de los múltiples vanguardismos
cubanos, cultivando como ningún otro autor la llamada «poesía negra»,
tendencia surgida en torno a 1930 en las Antillas.
Desde su condición de mulato expresó con un
peculiar sentido rítmico la temática del mestizaje, en un contexto
social y político que manifestaba la dura opresión y servidumbre sufrida
por el pueblo. En sus comienzos le caracterizó incluso una fonética
afrocubana, que más tarde abandonó para desmarcarse de la tradición oral
folclórica.
Con el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal
A esta primera época pertenecen Motivos de son (1930) y Sóngoro cosongo (1931). Poco después, con West Indies Limited
(1934), se alejó del mero ejercicio rítmico para incorporar la protesta
política y antiimperialista, orientándose hacia una cólera militante y
comprometida con el hombre.
El poema más conocido de este libro, Balada de los dos abuelos,
indicó la madura aceptación de lo africano y de lo español en una misma
sangre: el abuelo blanco y el abuelo negro, que evocan además la
crueldad del tráfico de esclavos. En poemas como Sensemayá y La muerte del Ñeque se inspiró en ritos y creencias africanos, sin que ello supusiera un rechazo de la cultura blanca.
Nicolas Guillén siguió evolucionando en la dirección de las preocupaciones políticas y sociales con Cantos para soldados y sones para turistas
(1937), donde todavía conservó formas propias del canto y de la danza
afrocubana. Al mismo tiempo, sin embargo, se hicieron ya evidentes
algunos de los rasgos estilísticos que predominaron en su lírica
posterior, como las transgresiones sintácticas ya aparecidas en la
poesía del fundador del futurismo, el italiano Filippo Tommaso Marinetti,
y el uso frecuente de «jitanjáforas» (palabras sin sentido empleadas
por su sonoridad o su poder evocador) que había caracterizado la obra
del poeta vanguardista cubano Mariano Brull, así como la rima aguda, las reiteraciones o la enumeración.
En el mismo año de 1937 lanzó, en Poemas en cuatro angustias y una esperanza,
una acusación contra la barbarie de la Guerra Civil española y el
asesinato de Federico García Lorca. Después, aunque conservó siempre una
particular claridad expresiva popular, el elemento rítmico fue
decreciendo en beneficio de un tono más elevado y ambicioso desde El son entero (1947) hasta La paloma de vuelo popular (1958) y sus poesías en sazón revolucionaria de Antología mayor (1964), donde mostró su compromiso con la Revolución cubana y los desheredados del mundo.
Además, su poesía se hizo eco también de las inquietudes
neorrománticas y metafísicas del momento, como la trascendencia del
amor y la muerte, que ocuparon un espacio importante en su obra. Otras
obras en esta dirección fueron Tengo (1964), donde manifestó su júbilo ante la Cuba revolucionaria, y Poemas de Amor, que apareció el mismo año.
Más tarde publicó títulos como El gran zoo (1967), La rueda dentada (1972), El diario de a diario (1972) y Por el mar de las Antillas anda un barco de papel (1977). Además, en Prosa de prisa (1975-1976) recogió una selección de sus trabajos periodísticos. Y aún dentro de su poesía cabe destacar el singular Poemas para niños y mayores de edad
(1977), libro en que siguió demostrando su gran capacidad para conjugar
preocupaciones diversas y encontrar formas de expresión constantemente
renovadas.
jueves, 13 de junio de 2019
13 DE JUNIO DE 1874 NACE :
LEOPOLDO LUGONES
(Villa María del Río Seco, Argentina, 1874 -
Buenos Aires, 1938) Poeta argentino. Hombre de vasta cultura, fue el
máximo exponente del modernismo argentino y una de las figuras más
influyentes de la literatura hispanoamericana. Pasó la niñez y la
adolescencia en su tierra natal, y tras breve temporada en Santiago del
Estero, se estableció en Buenos Aires en 1895. Trabajó en el diario El
Tiempo y en 1897 fundó, con José Ingenieros, La Montaña, periódico socialista revolucionario.
Tras algunos empleos menores, llegó a la
dirección de la Biblioteca Nacional de Maestros. Hizo varios viajes a
Europa y residió en París de 1911 a 1914. Colaboró en La Nación y obtuvo
el Premio Nacional de Literatura en 1926. En 1928 fundó la Sociedad
Argentina de Escritores. Su apoyo al golpe de Estado de 1930, la
posterior desilusión que éste le produjo y quizás una profunda crisis
sentimental lo llevaron a una depresión que culminó en su suicidio.
Es de destacar su particular evolución política.
Leopoldo Lugones se inició como un firme partidario de la ideología
socialista, cuya introducción en Argentina se debe, en parte, a sus
primeras soflamas políticas. Sin embargo, poco a poco fue retrocediendo
hacia posturas más conservadoras: tras un breve período de adscripción
al pensamiento liberal, se inclinó decididamente hacia la derecha y
acabó convertido en uno de los principales valedores del fascismo
argentino, sobre todo a partir de 1924, fecha en la que proclamó que
había llegado "la hora de la espada". Seis años después, ya consagrado
como una de las cabezas pensantes del movimiento reaccionario austral,
colaboró activamente con el golpe de estado militar del general José Félix Uriburu (6 de septiembre de 1930).
La obra de Leopoldo Lugones
Como poeta, Leopoldo Lugones irrumpió en el panorama literario argentino con el poemario Los mundos (1893), que pasó prácticamente inadvertido. Su encuentro con Rubén Darío, en Buenos Aires, en 1896, fue decisivo para reorientar la poesía de Lugones. El retoricismo de Las montañas de oro (1897) no tardó en ser sustituido por el tono irónico, extravagante e imaginativo de Los crepúsculos del jardín (1905) y Lunario sentimental (1909).
En ambos libros se respira una atmósfera
refinada y decadente, plena de languidez y elegancia modernistas, dentro
de una corriente estética claramente influida por la creación de Rubén
Darío. Su estilo se distingue por su originalidad creadora, y la
precisión y la belleza lírica de sus versos.
A partir de 1910 Leopoldo Lugones cambió de registro poético para centrarse en una exaltación de su tierra y sus gentes (Odas seculares,
1910). Posteriormente los asuntos cotidianos, vistos al trasluz de una
rutina íntima, se convirtieron en el objeto de su siguiente entrega
poética, titulada El libro fiel (1912), obra a la que siguieron otros poemarios como El libro de los paisajes (1917), Las horas doradas (1922) y Romancero (1924). Al final de su trayectoria poética, Lugones se decantó por el cultivo de una poesía narrativa: Poemas solariegos (1927) y Romances del Río Seco (que vio la luz, póstumamente, en 1938).
En su faceta de narrador, Lugones sobresalió principalmente por sus relatos, recogidos en Las fuerzas extrañas (1906), La torre de Casandra (1919), Cuentos fatales (1924) y La patria fuerte
(1933). En muchas de estas narraciones breves, Lugones ensayó
diferentes acercamientos fantásticos que pueden considerarse precursores
de los mejores relatos de algunos de los más grandes cultivadores de
este difícil género, como Horacio Quiroga, Jorge Luis Borges (uno de los mayores admiradores de Lugones) y Julio Cortázar.
Publicó además dos novelas espléndidas: un relato histórico sobre la guerra de la independencia, titulado La guerra gaucha (1905), y unas meditaciones esotéricas que, en forma de novela teosófica, aparecieron bajo el título de El ángel de la sombra (1926). En la década de los años cuarenta, La guerra gaucha
fue objeto de una versión cinematográfica que se convirtió en uno de
los principales referentes del cine argentino de su tiempo.
También brilló Leopoldo Lugones en su condición de ensayista, faceta en la que dejó algunos títulos tan relevantes como El imperio jesuítico (1904), Las limaduras de Hephaestos (1910) e Historia de Sarmiento (1911). Las conferencias sobre el Martín Fierro de José Hernández, obra que leyó como poema épico, reunidas en El payador
(1916), constituyen sin duda un hito en la interpretación de la
literatura gauchesca. Además, dejó testimonio impreso de las constantes
mutaciones de su pensamiento político, plasmadas en Mi beligerancia y La grande Argentina.
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