viernes, 11 de julio de 2014

La mujer pobre (fragmento)
" -¡Puf, qué asco! ¡Cómo apesta a Dios aquí!... Esta insolencia canallesca fue vomitada, como un eructo, frente al umbral de la humildísima capilla de los Misioneros Lazaristas, en la calle de Sèvres, en 1879.
Era el primer domingo de adviento y la humanidad del pueblo parisiense se encaminaba obligadamente al crudo invierno.
Semejante a tantos otros, ese año no había sido el del fin del mundo, y no había ciertamente motivo para sorprenderse de ello.
Menos que nadie se sorprendía el viejo Isidoro Chapuis, mecánico ajustador de oficio y unos de los más estimados borrachines del barrio de Gros-Caillou.
Pertenecía este sujeto, por temperamento y por cultura, a lo más granado de esa refinada crápula no igualada por la de ningún pueblo sublunar y que sólo es posible hallar en París. Crápula vegetal, por decirlo así, de las menos fecundas, ciertamente, a pesar de la asidua labor política y de la más atenta irrigación literaria. Aunque llueva sangre, pocos individuos extraordinarios se ven surgir de ella. "