miércoles, 19 de noviembre de 2014

19 DE NOVIEMBRE MUERE
GUILLERMO ALFREDDO TERRERA
fundador de la Escuela Hermética Primordial de las Antípodas

es el influyente padre espiritual de varias sectas platillistas argentinas. Artífice intelectual de la negra mitología ocultista que nutre a los nuevos movimientos dedicados al "contacto ovni" (que visitan desde 1986 la localidad cordobesa de Capilla del Monte, donde suelen recibir sus primeros sacramentos espaciales), además es un prolífico creador de fantasiosas historietas que, presentadas como reales, han sido puntualmente expropiadas por los profetas que cada vez tienen más eco entre la gente
en busca de verdades trascendentes, sedantes espirituales y piropos extradimensionales. Mejor conocido por sus libritos editados por Kier, se le vio la cara el domingo31 de mayo de 1992 en Futura, durante el "II Encuentro de Ciencias Esotéricas".
Este anti-homenaje pretende retratar al personaje vivo, antes que sea demasiado tarde y las epopeyas que promete se vuelvan leyenda.

Es un señor calvo y grandote. Nervioso, muy nervioso. Y también cascarrabias, vea. Tiene más de setenta, pero la polenta de su semblante le quita varios años. La voz del anciano es estruendosa como un ronquido enfermizo y sinuoso. Grave y temeraria como un trueno a la medianoche. Da un poco de miedo, sí. Pero él está orgulloso de su voz. Tanto que odia los micrófonos. "Mis maestros me enseñaron que nunca se debe hablar en un lugar donde no puedan escucharlo a uno." El problema de los micrófonos es que hacen que la energía de la voz se transforme, se diluya en el aire y llegue estéril, impotente; incapaz de alcanzar su objetivo. Aquella vez, el auditorio de Futura estaba de bote a bote. Altivo, con el ceño eternamente fruncido, como lo fruncen los que saben que por ahí se escurre la sabiduría, el orador tomó la primera medida de la noche: expulsar a los fumadores. Pasmado por su poderosa presencia, el público advirtió que de poco serviría conocer las credenciales académicas de aquel hombre, con esa personalidad arrolladora, avasallante, intimidatoria. Antes que nada, sin embargo, Terrera avisa que él es un abogado que obtuvo su doctorado con una tesis en sociología de la educación. Paradojas de la vida: de la punta de su lengua las palabrotas caen en cascada. Hace afirmaciones que, por rigurosas razones de estilo, no conviene reproducir. La siguiente advertencia, empero, está entre las que no afectarán el pudor del lector: "Me importa un pito que no me crean, pero todos tenemos un ángel guardián". No faltaron señoras que, con disimulo, trataron de mirarse el... (fin de la espalda).

Terrera parece lúcido. Una y otra vez nombra a la mítica Erks, metrópoli impalpable para la inteligencia pero visible para el ojo interno de los mortales de corazón abierto. "Sólo los videntes podemos verla", aclara. El viejo discípulo del legendario Orfelio Ulises alza el vozarrón y explica: "En 1985 vino a verme Saruma, un maestro solar que cantó en mi casa los mantras más hermosos de la Tierra. Venía con un traje sport impecable. Era capaz de levantar hasta veintidós Energías Cósmicas en sus manos. ¡Aquello era una fiesta metafísica!" --se entusiasma y prosigue:"Las retaba y ellas salían una atrás de la otra, serpenteando por el monte. Saruma es un ser cósmico a quien no hemos vuelto a ver hasta hoy, 31 de mayo de 1992". Nadie osa importunarlo con preguntas odiosas. El silencio helado de los inocentes es elocuente. Estamos ante un anciano irascible. Entre tanto, las vibraciones psíquicas recalientan el ambiente. "Albert Einstein, Florentino Ameghino, Hipólito Irigoyen, Juan Domingo Perón, todos, todos ellos recibían mensajes de maestros cósmicos... A mí me dictan poemas. Una noche, sin saber a dónde mierda iba, escribí ‘Argentinum’".

Terrera se exaspera, gesticula un discurso floreado, acusa con ademanes firmes y dispara sentencias a repetición. "...Y mientras todo esto sucede los argentinos ponen cuarta, quinta y van a Disneyworld a ver un ratón que baila". Risas. Complicidad. Sugestión. Segurísimo de que se debe a un público que comparte su momento de gloria, desborda lo más campante el tiempo permitido. Pero, de pronto, el coordinador de la mesa le pide un redondeo. Terrera, con la gente en bandeja de platino, vomita otra munición de frases de grueso calibre esotérico. Cercado por las manecillas del reloj, no tiene otro remedio que ensayar una despedida. Dice: "¡Y no tengan miedo de levantar la mano! Este es el saludo del solsticio para recibir la energía." Cuatro, ocho, diez acólitos extienden su brazo."¡No tengan miedo --insiste-- levanten su mano!" Los brazos extendidos que copian el saludo de Terrera que copia el saludo de Hitler ya son cincuenta, la mitad de la concurrencia. "No tengan miedo, este es el saludo de los hombres dignos y libres del planeta Tierra". El fantasma del Holocausto se pasea por la sala. Hay caras estúpidas que sonríen con perplejidad. Hay otras que esperan el consenso del resto. Por las dudas, algunos pegan apresuradamente el brazo al cuerpo. Unos pocos se van. El que escribe opta por la última alternativa. Pero recuerda su papel de cronista y decide resistir hasta el final.

Monumento vivo y audible del fanatismo esotérico, consejera por antonomasia de las muchedumbres perdidas en los laberintos del pensamiento irracional, la "transgresora" palabra de Terrera enseña que filosofías neopaganas como la nazi no sólo fueron, y son, el sostén ideológico del fascismo. Se trata también de la herramienta acaso más utilizada por el oscurantismo, enquistado en los poderes públicos, en las batallas que libra diariamente contra las libertades, la solidaridad humana, el pensamiento crítico independiente y, en suma, la supervivencia de la especie. Mitos como el de la pureza racial --amén de tratarse de un dogma pseudo-científico-- fueron el detonante de decisiones políticas devastadoras.
Está bien, está bien. No exageremos. Pero una friolenta noche de octubre (la elección de ese mes no es un capricho), Don Guillermo tomará algunas copitas Bols de más, sujetará el Bastón de Mando por la empuñadura y, evocando sus inspirados cánticos a Wolfram Eschenbach, meditará sobre las causas de su anonimato. A lo mejor, algún amigo le aconsejará candidatearse para un puesto de Asesor Presidencial. Y en medio de sus cavilaciones, repetirá para sí: "Todo está cumplido; sólo falta el chispazo para iniciar la gran acción" (*). Los horóscopos de Karl Krafft, el astrólogo de cabecera del Führer, serán un recuerdo antiguo. Pero la estampita de "lopecito" brillará, con una sonrisa gardeliana, en su portadocumentos de metal pulido. Entonces, el rumbo será fijo y rotundo; el horizonte, certero y definitivo; el futuro, predeterminado e inapelable. So pena de muerte.Algunas invenciones de la mente, y sus efectos, pueden resultar buenas aspirinas para contrarrestar algunos males de este mundo.

Acabamos de presentarle al doctor Guillermo Terrera, todo un superhéroe de la causa aria que se ha emborrachado a orillas de las siniestras aguas del fundamentalismo mágico nazi para acceder a la Mayúscula Verdad de los Elegidos. Después, cuando sea tarde, que nos vengan a decir que los cazadores de brujas somos los racionalistas. Los que, pobrecitos de nosotros, preferimos escribir verdad con "v" minúscula.
(*) "Antropología Metafísica", pág. 141.
Caballero de la eternidad

Desde hace unas cuantas décadas, Terrera está en contacto con las Energías Cósmicas que hacen nido, seguramente buscando calorcito, en los repliegues del cerro Uritorco, pirámide natural de Capilla del Monte y notorio vórtice energético. Como los lectores de esta revista saben --y si no, viene siendo hora que lo sepan-- dentro del cerro sagrado del Valle de Punilla está Erks, el gran aguantadero extraterrestre argentino. Ciertamente, Terrera escribe sobre todo esto varios años antes que el tema se pusiera de moda, allá por enero de 1986. Ya ascienden a miles las páginas que incluyen sus revelaciones, tan parecidas entre sí como perlas de un collar de fantasía. En una de ellas cuenta cómo encontró el Bastón de Mando o Toquí Lítico, una ramplona barra labrada en basalto que vaya uno a saber quién enterró en la Toma, umbral del Uritorco. Antes de revelar que, en verdad, el arcano fósil de la sabiduría obraba en su poder desde 1948 1, cerraba su libro "Antropología Metafísica" con una frase lapidaria:"El poseedor del Bastón de Mando es un elegido de la leyenda y de los milenios, como lo fue Jesús, José de Arimatea o Parsifal, el iluminado caballero de la eternidad"2. Nadie diría algo mejor de sí mismo.