jueves, 12 de mayo de 2016


12 DE MAYO DE 1812 NACE:

EDWARD LEAR


Poeta, narrador y dibujante británico, nacido en Highgate (Londres) en 1812 y fallecido en San Remo (Italia) en 1888. Creador de un género literario (el nonsense) que, con antelación a los postulados estéticos surrealistas, celebra por encima de todo la lógica del absurdo, está considerado como uno de los principales escritores ingleses de literatura infantil.

Nacido en el seno de una familia numerosa (era el menor de veintiún hermanos), desde su temprana juventud se vio obligado a aportar ingresos que contribuyeran al difícil sostenimiento de la precaria economía doméstica. Para ello, recurrió a sus innatas dotes para el dibujo y comenzó a ganarse la vida como ilustrador de textos botánicos, zoológicos y topográficos, con los que pronto logró un cierto prestigio que le permitió adentrarse en la pintura de cuadros paisajísticos.

Cuando contaba veinte años de edad, algunas de sus ilustraciones de aves llamaron la atención de los responsables de la London Zoological Society, institución que inmediatamente propuso a Edward Lear que colaborara, en calidad de dibujante, en un tratado ornitológico que vio la luz bajo el título de La familia de los Psittacidas (1832). El éxito de esta obra, que contaba con algunas de las ilustraciones más vivas y precisas de la fauna avícola aparecidas hasta el momento, lanzó a la fama al joven Lear, quien pronto fue contratado como ilustrador oficial del British Museum y llegó, incluso, a convertirse en profesor particular de dibujo de la reina Victoria.

Entre 1837 y 1847, Edward Lear viajó con asiduidad por diversos lugares de Europa y Oriente Medio, donde fue tomando gran cantidad de apuntes literarios y pictóricos que, convenientemente reelaborados, dieron lugar a sus célebres volúmenes titulados Excursions in Italy (Excursiones por Italia, 1846) y A tour in Sicily (Un viaje a Sicilia, 1847).

Sin embargo, el interés despertado por estas obras pronto quedó eclipsado por unos volúmenes poéticos compuestos por Edward Lear a base de brevísimas composiciones humorísticas que, por su falta de sentido aparente, el propio autor denominó nonsense. Estas obras, ilustradas con viñetas y publicadas por entregas, estaban destinadas inicialmente a servir de entretenimiento a los nietos menores del conde de Derby, quienes pudieron disfrutar en primicia de A book of nonsense (El libro de los "nonsense", 1846), cuya fama propició una reedición aumentada al cabo de quince años (1861-1863). Inspirado por el aluvión de reconocimientos que recibió por la creación de estas divertidísimas composiciones para niños, Edward Lear dio nuevas muestras de su capacidad verbal y su ingenio humorístico en A book of nonsense and more nonsense (Un libro de "nonsense" y otro más, 1962), al que después siguieron otras dos obras de idéntica naturaleza: More nonsense, pictures, rhymes, botany, etc. (Más "nonsense", dibujos, canciones, botánica, etc, 1872) y Laughable lyrics: a frehs book of nonsense (Líricas bufas: un nuevo libro de "nonsense", 1877). En estos volúmenes poéticos -algunos de ellos traducidos al castellano bajo los títulos de El ómnibus sin sentido (1846), Disparatario (1871) y Letras divertidas para canciones divertidas (1877), Lear dejó impresas ciertas cancioncillas que, como "El búho y el gato", han pasado al acervo de la literatura clásica infantil.

Para crear sus "nonsense", el poeta de Highgate recurrió al modelo del limerick, un molde estrófico rimado, muy breve, propio de la poesía inglesa del siglo XVIII, cuy esquema métrico es el siguiente: aabba. Lear, tomando por otro lado algunos temas, motivos y personajes de las nursery rhymes tradicionales, incorporó al limerick una cadencia rítmica más moderna y, sobre todo, unos contenidos absurdos y disparatados que se escapaban a cualquier formulación del discurso lógico habitual. El procedimiento más utilizado por el original poeta consistía en lograr que la reaparición final de la rima del último verso y las palabras iniciales del primero pusieran de manifiesto el retrato caricaturesco y grotesco de unos personajes ridículos o patéticos, cuyas extravagancias sólo podían encuadrarse en un mundo absurdo, enloquecido y, en no pocas ocasiones, no tan inocente como el universo tradicional de la literatura infantil. También se sirvió con frecuencia del ripio sin sentido, el gusto por la paradoja y la ironía, la complacencia en el artificio puramente verbal y, en general, la incorporación de un moderado tono melancólico que, sumado a la agilidad rítmica, dotaba a sus composiciones de una riqueza y complejidad que tampoco eran frecuentes en la lírica infantil tradicional.

Este fecundo ejercicio de surrealismo avant la lettre ha sido interpretado por buena parte de la crítica literaria inglesa como una manifestación más de la corriente irracional que, en abierto rechazo a la ideología pacata y conservadora de la época victoriana, se presentaba como una reacción al conformismo tanto en la forma como en los contenidos. Para otros estudiosos de la literatura destinada a los menores -como sostiene Román López Tamés en su obra Introducción a la literatura infantil (Murcia: Universidad, 1990)-, el nacimiento del nonsense deben rastrearse en causas muchos más generales y lejanas, ya que "el disparate, el nonsense infantil puede estar en el origen del hecho poético"; de ahí que su obsesiva fijación por el ritmo y la sonoridad, al margen de cualquier significado lógico, fuera tan del agrado de los posteriores poetas surrealistas, quienes también pretendieron, con sus obras absurdas e irracionales, recuperar la libertad lúdica y la riqueza imaginativa de la infancia.

Sea como fuere, lo cierto es que la gozosa celebración del absurdo que puso en circulación el nonsense de Edawrd Lear dejó muy pronto una clara influencia en el quehacer de otros grandes escritores británicos consagrados al género infantil y juvenil; entre ellos, tal vez el más nítidamente afectado por las composiciones de Lear fue el celebérrimo Lewis Carroll, cuyas universalmente famosas obras Alicia en el país de las maravillas (1865) y Alicia a través del espejo (1872) lograron llevar los procedimientos del nonsense hasta sus últimas consecuencias. Al parecer, fue una niña real, llamada Alicia, quien rogó a Carroll que le escribiera un libro "lleno de nonsense", lo que da buena muestra de la difusión y asimilación que habían alcanzado las composiciones de Edward Lear entre los pequeños lectores ingleses.