domingo, 30 de noviembre de 2014


JONATHAN SWIFT

Un viaje a Liliput (FRAG.)
Capítulo 1
El autor da algunas referencias de sí y de su familia y de sus primeras inclinaciones a
viajar. Naufraga, se salva a nado y toma tierra en el país de Liliput, donde es hecho
prisionero e internado...
Mi padre tenía una pequeña hacienda en Nottinghamshire. De cinco hijos, yo era el
tercero. Me mandó al Colegio Emanuel, de Cambridge, teniendo yo catorce años, y allí
residí tres, seriamente aplicado a mis estudios; pero como mi sostenimiento, aun siendo mi
pensión muy corta, representaba una carga demasiado grande para una tan reducida fortuna,
entré de aprendiz con míster James Bates, eminente cirujano de Londres, con quien estuve
cuatro años, y con pequeñas cantidades que mi padre me enviaba de vez en cuando fuí
aprendiendo navegación y otras partes de las Matemáticas, útiles a quien ha de viajar, pues
siempre creí que, más tarde o más temprano, viajar sería mi suerte. Cuando dejé a míster
Bates, volví al lado de mi padre; allí, con su ayuda, la de mi tío Juan y la de algún otro
pariente, conseguí cuarenta libras y la promesa de treinta al año para mi sostenimiento en
Leida. En este último punto estudié Física dos años y siete meses, seguro de que me sería
útil en largas travesías.
Poco después de mi regreso de Leida, por recomendación de mi buen maestro míster
Bates, me coloqué de médico en el Swallow, barco mandado por el capitán Abraham
Panell, con quien en tres años y medio hice un viaje o dos a Oriente y varios a otros puntos.
Al volver decidí establecerme en Londres, propósito en que me animó míster Bates, mi
maestro, por quien fuí recomendado a algunos clientes. Alquilé parte de una casa pequeña
en la Old Jewry; y como me aconsejasen tomar estado, me casé con mistress Mary Burton,
hija segunda de míster Edmund Burton, vendedor de medias de Newgate Street, y con ella
recibí cuatrocientas libras como dote.
Pero como mi buen maestro Bates murió dos años después, y yo tenía pocos amigos,
empezó a decaer mi negocio; porque mi conciencia me impedía imitar la mala práctica de
tantos y tantos entre mis colegas. Así, consulté con mi mujer y con algún amigo, y
determiné volverme al mar. Fui médico sucesivamente en dos barcos y durante seis años
hice varios viajes a las Indias Orientales y Occidentales, lo cual me permitió aumentar algo
mi fortuna. Empleaba mis horas de ocio en leer a los mejores autores antiguos y modernos,
y a este propósito siempre llevaba buen repuesto de libros conmigo; y cuando
desembarcábamos, en observar las costumbres e inclinaciones de los naturales, así como en
aprender su lengua, para lo que me daba gran facilidad la firmeza de mi memoria.